Spanish poem
A Fray Luis de León
by Pedro Antonio de Alarcón (1833–1891)
¡Qué bien que conociste el Amor soberano, augustino León, Fray Luis divino!
(Lope de Vega.)
«¡Gloria!» las arpas, los salterios «¡gloria!» resuenen por doquier... ¡Ved al Poeta surgir triunfante, coronado atleta del seno de la noche mortuoria! ¡Él es ! —Un sueno de dolor han sido trescientos años de pasada historia... La tumba en pedestal se ha convertido, y el pedestal en cátedra... ¡Silencio! ¡León, libre otra vez, como algun dia, sube al alzado puesto, mira al concurso con afable calma... la multitud le aclama como entonce... y, con acento que percibe el alma, «Decíamos ayer...» prorumpe el bronce.
mas de los reinos de la muerte oscura, rota mostrando al mundo su cadena, íntegra y salva su doctrina pura! ¡Él es... el docto, el inspirado, el tierno, seráfico augustino... el poeta divino que, en coloquios de amor con el Eterno, cantó la ansiada libertad del alma y de caducos bienes el olvido, cual ruiseñor que en la solemne calma de la Noche serena, de amor enloquecido, entona apasionada cantilena, única voz del mundo adormecido!
olvidando sus lúgubres pesares: ¡Loor al Maestro que cantó á mi orilla! murmura al alejarse hacia los mares.... ¡Loor á Fray Luis! resuena por Castilla... ¡Vítor! responden de la mar las olas al recibir el Tórmes con el Duero, y ¡vítor! claman en el mundo entero cuantas naciones fueron españolas.
sobre la corva escena, al compás del aplauso resonante, galardon de tan ínclita faena: y llévanle, por fin, con el acento tímido de mi lira, que, en su impotencia, trémula suspira al ensalzar al Píndaro cristiano, el orgullo, la envidia y el contento del pueblo que vio suyo al grande hombre, y donde tiene su glorioso nombre en cada corazón un monumento.