Spanish poem
El payador
by Alejandro Magariños Cervantes (1825–1893)
En un espacioso rancho De amarillentas totóras, En derredor asentadas De una llama serpeadora, Que ilumina los semblantes Como funeraria antorcha, Hirviendo el agua en el fuego, Y de una mano tras otra Pasando el sabroso mate Que todos con gusto toman, Se pueden contar muy bien Como unas doce personas, Pero están con tal silencio, Con tanta calma reposan, Que solo se escucha el éco De guitarra gemidora, Mezclado con los acentos De una voz que melancólica, Murmura tan dulcemente Como el viento entre las hojas. Es un payador, que tierno Alza allí sentida trova, Y al compás de su guitarra Versos á raudales brota; Pero versos expresivos, De cadencia voluptuosa, Y que expresan tiernamente De su pecho las congojas. Es verdad que muchas veces La ingrata rima cohorta Pensamientos que grandiosos Se traslucen mas no asoman, Y como nocturnas luces Al irradiar se evaporan. La fantasía sujeta En las redes del idioma, No permite que se eleve La inspiración creadora. Ni que sus altivas alas Del arte los grillos rompan, Ni que el instinto del génio Les trace una senda propia, Mostrándole allá en los cielos Aquella ansiada corona, Que iluminando el espacio Con su luz esplendorosa Vibra un rayo diamantino Que el númen del vate esponja Para embeber fácilmente De su corazón las gotas, Y destilarlas despues Con el llanto de la aurora Convertidas en cantares Que vuelan de zona en zona. ¡Y cuántas veces no obstante Sus desaliñadas coplas Sin esfuerzo ni trabajo Como las tranquilas ondas, Una á una, dulcemente, Van saliendo de su boca! O derrepente veloces, Penetrantes, ardorosas, Se escapan como centellas Y el fondo del alma tocan! Porque su maestro es La naturaleza sola, A quien ellos sin saber A oscuras y á tientas copian. Así el cantor sin curarse De reglas que no le importan, Sigue raudo y caprichoso Su bien comenzada trova.