Spanish poem
A la Sra. D.ª Carolina G. de Bambaren
Desde que el gran Rafael dio al mundo, la maravilla de la Virgen de la Silla, trasladarla en copia fiel procura en vano el pincel, el buril procura en vano; que no fue dado a otra mano igualar la perfección y la celeste expresión de aquel grupo soberano. Mas tu ingenio, Carolina, aun copiando débil copia, la expresión y beldad propia de esa pintura divina cual por instinto adivina: y, sin quedártele atrás, hoy repetida nos das en tan breve miniatura la incomparable hermosura que no miraste jamás. Pero su hechizo y beldad, ¡Cuánto más dulces me son al ver que es precioso don que me brinda tu amistad! No de más preciosidad me fuera el bello traslado, si, de diamantes cercado, cifrara inmenso caudal; ni el sublime original fuera de mí más preciado, copia tan encantadora me recordará al divino pintor famoso de Urbino, y a la bella copiadora; en ella yo desde ahora mi mayor riqueza fundo, que con primor sin segundo en mí para siempre liga a mi dulcísima amiga y al primer pintor del mundo. Al verla, ver creeré la blanca tornátil diestra tan linda como maestra que el pincel guïando fue; los grandes ojos veré, en donde el numen centella, que fijos tuviste en ella; y de la virgen al lado, ángel al grupo aumentado, veré tu figura bella.
(1865)