Spanish poem
Juan de Mairena
MAIRENA A MARTÍN, MUERTO
Maestro, en tu lecho yaces, en paz con Ella o con Él... (¿Quién sabe de últimas paces, don Abel?) Si con Ella, bien colmada la medida, dice, quieta, en la almohada tu noble cabeza hundida. Si con Él, que todo sea —donde sea— quieto y vivo, el ojo superlativo, que mire, admire y se vea. — Del juglar meditativo quede el ínclito ideario para el alba que aun no ríe; y el muñeco estrafalario del retablo desafíe con su gesto al sol gregario. — Hiedra y parra. Las paredes de los huertos blancas son. Por calles de Sal-Si-Puedes brillan balcón y balcón. Todavía, ¡oh don Abel!, vibra la campanería de la tarde, y un clavel te guarda Rosa María. Todavía se oyen entre cipreses de tu huerto y laberinto de tus calles —eses y eses, trenzadas, de vino tinto— tus pasos; y el mazo suena que en la fragua de un instinto blande la razón serena. De tu logos variopinto, nueva ratio, queda el ancla en agua y viento, buen cimiento de tu lírico palacio. Y cuajado en piedra el fuego del amante, (Amor bizco y Eros ciego) brilla al sol como diamante.