Versos Spanish Antonio Machado No Sabía

Spanish poem

No Sabía

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No sabía si era un limón amarillo lo que tu mano tenía, o el hilo de un claro día Guiomar, en dorado ovillo. Tu boca me sonreía. Yo pregunté: ¿Qué me ofreces? ¿Tiempo en fruto, que tu mano eligió entre madureces de tu huerta? ¿Tiempo vano de una bella tarde yerta? ¿Dorada ausencia encantada? ¿Copia en el agua dormida? ¿De monte en monte encendida, la alborada verdadera? ¿Rompe en sus turbios espejos amor la devanadera de sus crepúsculos viejos?

En un jardín te he soñado, alto, Guiomar, sobre el río, jardín de un tiempo cerrado con verjas de hierro frío. Un ave insólita canta en el almez, dulcemente, junto al agua viva y santa, toda sed y toda fuente. En ese jardín, Guiomar, el mutuo jardín que inventan dos corazones al par, se funden y complementan nuestras horas. Los racimos de un sueño -juntos estamos- en limpia copa exprimimos, y el doble cuento olvidamos. (Uno: Mujer y varón, aunque gacela y león, llegan juntos a beber. El otro: No puede ser amor de tanta fortuna: dos soledades en una, ni aun de varón y mujer).

Por ti la mar ensaya olas y espumas, y el iris, sobre el monte, otros colores, y el faisán de la aurora canto y plumas, y el búho de Minerva ojos mayores. Por ti, ¡oh Guiomar!...

Tu poeta piensa en ti. La lejanía es de limón y violeta, verde el campo todavía. Conmigo vienes, Guiomar; nos sorbe la serranía. De encinar en encinar se va fatigando el día. El tren devora y devora día y riel. La retama pasa en sombra; se desdora el oro de Guadarrama. Porque una diosa y su amante huyen juntos, jadeante, los sigue la luna llena. El tren se esconde y resuena dentro de un monte gigante. Campos yermos, cielo alto. Tras los montes de granito y otros montes de basalto, ya es la mar y el infinito. Juntos vamos; libres somos. Aunque el Dios, como en el cuento fiero rey, cabalgue a lomos del mejor corcel del viento, aunque nos jure, violento, su venganza, aunque ensille el pensamiento, libre amor, nadie lo alcanza.

Hoy te escribo en mi celda de viajero, a la hora de una cita imaginaria. Rompe el iris al aire el aguacero, y al monte su tristeza planetario. Sol y campanas en la vieja torre. ¡Oh tarde viva y quieta que opuso al panta rhei su nada corre, tarde niña que amaba tu poeta! ¡Y día adolescente —ojos claros y músculos morenos—, cuando pensaste a Amor, junto a la fuente, besar tus labios y apresar tus senos! Todo a esta luz de abril se transparenta; todo en el hoy de ayer, el Todavía que en sus maduras horas el tiempo canta y cuenta, se funde en una sola melodía, que es un coro de tardes y de auroras. A ti, Guiomar, esta nostalgia mía.