Spanish poem
Luz Y Sombra
by Antonio Plaza (1830–1882)
Es la estación de brisas y de flores, y son bellas las flores y las brisas; y los pájaros cantan sus amores, y natura prodiga sus sonrisas.
Hermosa noche tiende su manto. Hermosa luna de su óvalo desprende blanquísima la luz; la luz en que derrama ilusiones tan lindas, que por ella se inflama de amor el cielo azul. Y fíno, apasionado, por agradarla ostenta de estrellas salpicado su rico pabellón. La dama corresponde y asoma su faz lánguida, o coqueta la esconde en nube de crespón. El si la ve, se adorna con brillo esplendoroso, y si se esconde, torna su brillo en lobreguez. En la órbita estrellada la eólica pareja difunde enamorada sosiego y languidez. Las palomas amantes se arrullan escuchando las ondas sollozantes de arroyo de cristal. La rosa, casta y bella, se inclina, desfallece, y viene junto a ella el viento a suspirar. Con verde rico traje la tierra se engalana; de nieblas en su encaje, de rosas su corsé. Del cielo los fulgores, los poros de la tierra, las aves y las flores palpitan de placer. El aromoso viento conduce llama tibia, y quema a fuego lento el frágil corazón. En la tranquila calma de noche tan preciosa, amor respira el alma, respira todo amor. En éxtasis la mente de Dafne hasta las selvas en ilusión ardiente transportada se ve; o recorre soñando de Armida los vergeles, en intuición gozando de lo que sueño es. Ven a mi lado, hermosa, y en tan lánguida noche con su venda preciosa nos unirá el amor. El hielo de la muerte de mi alma se apodera; pero me siento fuerte de tu seno al calor. De la noche gocemos; si el campo no te agrada, a mi albergue pasemos, allí te haré feliz. ¿Aceptas? Ven, ¡mi linda! apóyate en mi brazo que mi retiro brinda placeres mil y mil.
Y mi frente a tu frente juntando sentiré de tu sien el calor, en la luz de tus ojos mirando el edén que Mahoma soñó. Tu mirada revélame luego que de amor te devore la sed; mas no temas que a mí falte fuego para el fuego que quema tu ser. iBeberemos! La pena destierra, que la vida es un sueño fugaz, y el sepulcro es un monstruo de tierra que más tarde nos ha de tragar. Mira, bella, el champaña espumoso cómo sube al dejar su prisión: bebe más, que ese néctar sabroso a otro mundo conduce mejor. Adornaste con flores en vano tu albo seno que incita a gozar, que si pongo yo en ellas la mano hoja a hoja en el suelo caerán. Bebe más, que beber es la vida, y es el alma el sabroso licor lo que lluvia del cielo caída sobre rama que el nolo secó. Si el vigor con el goce perdemos, y si el goce nos hace callar, nuestro goce inefable expresemos con los ojos, mujer, nada más. Si la vida entre goces exhalas, tu sudario será una ilusión, y de amor en las tórridas alas volarás hasta un cielo de amor. Quebraremos las copas, los vasos; que tus labios de fino carmín, esos labios de fuego no escasos, mejor copa serán para mí. El amor, el placer, los licores, embellecen la vida fatal; fabriquemos un sueño de amores, y no de él despertemos jamás. Un placer infinito apuremos; y aunque muertos nos hallen aquí, nuevos goces los dos inventemos, que es muy bello gozando morir.
Retírate, mujer. Ya no me beses: con el cansancio y la vergüenza lidio: eres cáliz precioso en cuyas heces el brevaje se encuentra del fastidio. El placer fatigoso que me ofreces de una linda ilusión es el suicidio. iQué necio fui con mi pasión de fuego! ¡qué necia fuiste al escuchar mi ruego! Yo te miré más linda que celaje, de blanca gasa y de crespón vestida; pero al quitarte el vaporoso traje hallé sólo una momia corrompida. Momia que engañas con sin par ropaje, y aspiras necia a encadenar mi vida: ¿juzgas tú que mi amor queda pagado con un deleite de que estoy hastiado? Pobres mujeres, torpes cortesanas, embusteras, postizas hermosuras; la virtud os hiciera soberanas, y esclavas os rendís. Evas impuras. Una ardiente ilusión matáis livianas con deleite sensual. Locas criaturas, ebrias de incienso descendéis al lodo, y al perder el pudor, lo perdéis todo.