Versos Spanish Ramón de Campoamor El arroyo

Spanish poem

El arroyo

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Arroyo sosegado, que al resbalar so la enramada bella, murmuras acordado, rico de espejos, si de aromas ella, en vagos resplandores confundiendo tus visos con sus flores.

Ayer cuando naciste, eras pequeño manantial sin brio, después arroyo fuiste;

luego serás en la floresta rio, y mas allá corriente que el mar arrostres con soberbia frente.

Apresurado llega, á par de las clarísimas cascadas, á la cercana vega, que á su placer descienden reclinadas con brillante decoro en blandos lechos de esmeralda y oro.

Prosigue; que á tu lado gimiendo iré, cuando fugaz murmures, y de mí acompañado hasta el valle serás, aunque apresures tu cristalina marcha con frente de ovas y con piés de escarcha.

Los dos con dulce estruendo iremos, tú placeres murmurando, yo pesares gimiendo; y muestras voces á la paralzando, serán tus alegrías rémora acaso de las penas mias.

Cuéntame dó luciente bordaste de tu linfa cristalina el manto trasparente de tanta perla y esmeralda fina, y con belleza suma de dónde arrastras tu nevada espuma.

Cuéntame si brotaste al pié de un sauce ó de elevado pino; los prados que cruzaste; cuántos mármoles viste en tu camino; las flores que bañaron tus frescas aguas, y á su humor brotaron.

Dime las dulces aves que de los olmos de tu blanda orilla te cantaron suaves, y las sierpes que al verte sin mancilla vertieron su veneno para poder cruzar tu limpio seno.

Dime si las zagalas tus claras urnas ilustrando viste sin inútiles galas; y cuéntame los sueños que infundiste al oir los pastores el dulcísimo són de tus rumores;

Que yo te iré contando mis cortos bienes y mis luengos males.— Mas ¿la vega mirando, presuroso despeñas tus cristales y rápido te alejas? Bien haces ay! por no escuchar mis quejas.

—oo—

fructífero la riega el ámbar celestial de tanto rio, sobre su nácar blando la clara luz del sol reverberando!

Las aguas trasparentes, formando al oscilar claros espejos, los delgados ambientes arrebolan de mágicos reflejos, que ya azules, ya rojos, embelesan estáticos los ojos.

¡Mil veces venturosas, tan henchidas de honor, como abundantes, corrientes sonorosas, que pagando tributos en diamantes, caminais sosegadas, de palmas inmortales coronadas!

Y así con tal premura con las aguas medreis de las praderas, que, al ver tanta hermosura, espantada abandone sus riberas, y ceda á vuestro brio, reprimida la mar, su señorío.

Seguid, claras corrientes, con dulces y suavísimos rumores, poblando los ambientes de reflejos y débiles vapores, que como frágil velo los rayos templen de la luz del cielo.

Y á ocultar en los mares, que lleveis estas lágrimas os pido, fruto de mis pesares, y último resto de mi afán perdido; si acaso por ser mias no las desdeñan vuestras ondas frias.

—oo—