Versos Spanish Carolina Coronado Buen Sabio, ¿De Tu Tierra Y De La Mía

Spanish poem

Buen Sabio, ¿De Tu Tierra Y De La Mía

by

Listen in the reader

Buen sabio, ¿de tu tierra y de la mía tu corazón no ansía el nombre oír que la memoria encierra de los pasados años? ¿O a tu memoria extraños serán ya los recuerdos de tu tierra? Yo, Señor, que heredé de mis abuelos un libro de consuelos obra de tu lozana fantasía, cuando eras mozo o niño, tengo mucho cariño al buen cantor de la comarca mía. Siempre al pasar cercana de tus lares recordé tus cantares, y otras veces al margen del Guadiana medité dulcemente en la gloria eminente que a nuestro pueblo consagró Quintana. ¿Por qué en el aprender ¡ay! soy tan ruda que, aun cuando ansiosa acuda, en la ciencia a estudiar de tus escritos las brillantes lecciones, no logro en mis canciones remedar tus acentos infinitos? Mas ¡qué mucho! las artes lentamente vienen, cual la corriente, del manantial sereno del Ruidera a visitar los muros solitarios y oscuros de esta ciudad de España la postrera. No se pule el salvaje entendimiento del campesino acento entre el tosco rumor; y la poesía levanta su cabeza, entre tanta aspereza, como una planta estéril y bravía... ¿Qué nuevas te daré que a tu celoso patrio entusiasmo hermoso por la fama y el bien de nuestro suelo alegren placenteras, si antes que estas riberas pienso, Quintana, que se mude el cielo? Si las vastas encinas del contorno, solo y agreste adorno de estos valles, tal vez, contado hubieras, al despedirte de ellos en tus abriles bellos, esas propias hallaras, si hoy volvieras. Los arraigados juncos de este río bajo el mismo rocío con que la espuma, al salpicar, los baña, medran tranquilamente sin que del hombre intente otros sauces plantar la mano extraña. Y aun hay de tierra vírgenes pedazos donde jamás los brazos del colono feliz su fuerza emplean, y hay fuentes, manantiales sin guía y sin brocales cuyos hilos se pierden y se orean... Más aprisa se mueve la tortuga; menos tarda la oruga su bella metamorfosis presenta en esta tierra, Quintana, un solo paso gana de su cultura en la carrera lenta. Empero un solo nombre hay en el mundo que del sueño profundo a este pueblo pacífico levanta y lo agita, lo enciende, cuando extático entiende la nota fiel de esta palabra santa. Grítale «Libertad» verás leones: que vengan las naciones a esclavizar a la soberbia España, y será de este otero cada azadón grosero hacha incansable en la mortal campaña. ¡Por Dios! este rincón, hoy tan tranquilo, fuera el último asilo de aquella libertad apetecida que, aunque no entiendo de ella, debe de ser muy bella cuando es tan ponderada y tan querida. Tú la llamaste flor en tus cantares; ¡en la tierra y los mares cuánta sangre costó! ¿Y eso son flores? ¡Hoy por lo solitaria Será la pasionaria o la viuda negra y sin olores! Negra e inodora fue para los míos cuyos años sombríos vagando tras sus pétalos tronchados, con pertinaz constancia, las horas de mi infancia y triste juventud han amargado... No la aborrezco, no, me espanta esa costosa planta que nuestro llanto bebe por rocío: más fruto y menos penas me dan las azucenas que en mi puerto florecen en estío. ¡Quiera Dios que no tronche en nuestra tierra nuevo huracán de guerra esa flor que inspiró tus armonías: siquiera porque ha sido la que más ha lucido en tu guirnalda eterna de poesías!