Spanish poem
El niño muerto
by David Macbeth Moir (1798–1851)
¡Duerme, duerme, criatura! Del regazo maternal Ya no esperes la dulzura, Sino olvido y paz segura En el nicho sepulcral.
¡Ay, á cuántos ha faltado La esperanza de salud, Que pudiendo, de buen grado Compartieran ese estado De inocencia y de quietud!
Formará la tierra leve Nido herboso para ti; Nacerán por cima en breve Florecillas, y la nieve Caerá en copos blanda allí.
¡Paz, silencio! Se retira El calor del corazón.
¡Paz, silencio! No respira; Su ojo inmóvil ya no mira; Del morir señales son.
Gracia, y risa, y donosura Ostentar le he visto yo; Pero nunca su figura Tan preciosa así, tan pura Ante mí resplandeció.
Entreabierto el labio anhela, Y aun parece que en redor Exhalada el alma vuela, Como al viento que la hiela Su perfume da la flor.
¡Torna, torna, etérea esencia, Al principio de tu ser! ¿Dó la muerte y su violencia? Si es tan bella su presencia, No es tirano su poder.
¡Inocente criatura! No el partir te duela, no; Tu destino está en la altura; Dios la dicha te asegura, Él por ti lidió y venció.
Miro entorno al ancho suelo, Todo es culpas, todo horror; Tú la tierra por el cielo
Has trocado en presto vuelo; ¿Qué pudiste hacer mejor?
No en tu seno entró el pecado, Y tu labio puro fué; De mis brazos separado ¿Siempre hubieras conservado Limpio afecto, limpia fe?
Libre ahora de extravío, Como en urna de cristal Pura gota de rocío, Salvo estás, amado mío, En la esfera celestial.
Triste, efímero viajero, Debo yo también morir; Mas contigo unirme espero En la gloria, y tú el primero Me saldrás á recibir.