Spanish poem
Anima stultorum
¡El alma es inmortal!, me repetía un necio que conmigo disputaba; y mi razón ante él se sublevaba con frases de amarguísima ironía
¡Qué el alma es inmortal!, yo me decía; esa sola desdicha nos faltaba, que el necio (y de hito en hito le miraba) llegase a eternizar su tontería.
Después me habló de Dios (¡era preciso oírle) y de las penas del Infierno, y dijo lo que quiso y como quiso;
mientras que yo, para mi fuero interno, como Dante, leí en el Paraíso estas palabras: Tonticomio eterno