Spanish poem
A una hermosura que murió de repente con un reloj en la mano
Ese volante que continuo expía es siempre en lo viviente presuroso, en Nise, que murió de lo dichoso, avisos quiso ser y fue porfía
No muere, no, reloj, de tu armonía la que vivió lo breve de lo hermoso, tú que en su lozanía presuroso un mérito apresuras más que un día
Si en frágil duración de los instantes tiene su mayor prisa en lo que dura, ¿cómo su oficio de morir ignoras?
Sin ejercicio mueves tus volantes Que a quien le dan por vida una hermosura es perezosa edad la de tus horas.
Tan temprano es tu ingenio, que aún no mueves -con airoso ademán, con planta airosa- la edad de veinte abriles olorosa y sin ocios de flor ya frutos llueves
¿Cómo a estrechar en esa edad te atreves siglos de perfección? Tu edad dichosa vengue las brevedades de la rosa, desagravie a las dichas por los breves
Tanta es la edad de tu discurso ardiente, tan niños esos años mereciste, que vida has menester porque no acabes
Nace para saber todo viviente, tú a estudiar el vivir sólo naciste ¡Oh si vivieses todo lo que sabes!
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