Spanish poem
La confesión
Llegó Purita, y al mirarse ufana junto al confesionario de rodillas, besó del armatoste la rejillas y los pliegues también de una sotana.
Aunque el frío tenaz de la mañana le dejó las mejillas amarillas, subieron, poco a poco, a sus mejillas candentes olas de color de grana
Alguna cosa por demás oscura debió mediar en el sagrado nido entre el ministro y la inocente Pura,
pues gritaron con tono enfurecido: -«¡Se lo diré al obispo, señor cura!»- -«¡También se lo diré yo a su marido!»-