Spanish poem
La constancia
Mi humilde ruego despreciaste esquiva, cuando, ¡infeliz!, te requerí de amores y aun de hablarte en mi pena y mis dolores, cierto o fingido, tu desdén me priva.
Pero el ardor de mi pasión se aviva y destrozan volcánicos temblores mi tierno corazón, como a las flores nacientes, fiero el vendaval derriba
Porque a pesar del triste apartamiento a que me tienes, Laura, condenado y del puñal que traspasarme siento,
te ven mis ojos de virtud dechado: y no sirve la voz del escarmiento a quien de veras gime enamorado.