Spanish poem
Canto de la florera ciega
by Edward Bulwer Lytton (1803–1873)
¡Comprad, comprad mis flores! Si es hermosa la tierra como cuentan, Sus castas hijas son y sus amores. ¿No guardan de su madre los primores Que los placeres del que ve acrecientan? De su regazo amante
Frescas las he tomado en este instante: Durmiendo incautas en sus tiernos brazos Mecíalas el viento Que es de ella el blando aliento. En sus labios aun vaga el dulce beso Que recibieron al romper el día; Y del materno lloro Conservan todavía Húmedas gotas en su cáliz de oro. Porque esa madre llora, Llora apacible, y pasa hora tras hora Velando con solícita ternura; Y al ver lucir tan puros y brillantes Los tintes de sus hijas y blancura, Llora de amor purísimos diamantes Que parecen rocío, Pero lágrimas son; madres amantes Vierten así de lágrimas un río.
Tenéis de luz un mundo Donde el amor habita entre placeres; Pero yo ¡ciega! vivo en el profundo Abismo de la noche donde me hundo: Son huecas voces para mí los seres. Cual réprobo en el reino del espanto. Enloquezco y deliro, ¡Y me anonado en infortunio tánto! Ansio por ver las formas y allá miro, Oigo que como sombras se deslizan,
Y percibo su aliento; Tiendo los brazos ávidos al viento, Y hallo que para mí todos los vivos Espíritus son sólo, fugitivos.
¡Comprad, comprad mis flores!... Oíd... ¿No comprendéis lo que suspiran? (Porque ellas tienen voz como la nuéstra): "Con su aliento esta hija "De la medrosa noche los colores "Entristece y empaña de las flores. "¡Libradnos de sus manos! "No nos dieron los dioses soberanos "Matices y hermosura "Para la sombra oscura; "¡La luz nos alimenta y regocija! "Vuestros ojos del sol son resplandores".— ¡Comprad, comprad mis flores!
A. Posada.