Spanish poem
Una precursora
by Enrique Díez Canedo (1879–1944)
Todo lo ves, y todos los mortales Cuantos en el mundo habitan, En busca del alivio de sus males, Tu blanca luz solicitan. Unos para consuelo de dolores; Otros tras de ensueños de oro Que con vagos y tibios resplandores Vierte tu rayo incoloro. Y otros, en fin, para gustar contigo Esas venturas robadas, Que huyen del sol, acusador testigo, Pero no de tus miradas.
A través del follaje perenne Que oir deja rumores extraños, Y entre un mar de ondulante verdura, Amorosa mansión de los pájaros, Desde mis ventanas veo El templo que quise tanto.
El templo que tanto quise... Pues no sé decir ya si le quiero, Que en el rudo vaivén que sin tregua Se agitan mis pensamientos, Dudo si el rencor adusto Vive unido al amor en mi pecho.
Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo, Tal como arrastra las arenas el huracán en el desierto. Y cual halcón que cae herido en la laguna pestilente, Cayó en el cieno de la vida, rotas las alas para siempre. Mas aun sin alas, cree o sueña que cruza el aire, los espacios, Y aun entre el lodo se ve limpio cual de la nieve el copo blanco.
¡Pensamientos de alas negras! Huid, huid azorados, Como bandada de cuervos por la tormenta acosados, O como abejas salvajes en quien el fuego hizo presa; Dejad que amanezca el día de resplandores benditos, En cuya luz se presienten los placeres infinitos... ¡Y huid con vuestra perenne sombra que en el alma pesa!
¡Pensamientos de alas blancas! Ni gimamos ni roguemos Como un tiempo, y en los mundos luminosos penetremos, En donde nunca resuena la débil voz del caído, En donde el dorado sueño para en realidad segura, Y de la humana flaqueza sobre la inmensa amargura Y sobre el amor que mata sus alas tiende el olvido.
De la vida entre el múltiple conjunto de los seres, No, no busquéis la imagen de la eterna belleza, Ni en el contento y harto seno de los placeres, Ni del dolor acerbo en la dura aspereza. Ya es átomo impalpable o inmensidad que asombra; Aspiración celeste, revelación callada; La comprende el espíritu y el labio no la nombra, Y en sus hondos abismos la mente se anonada. Esta imagen de la eterna belleza es la que buscó
Prends l'éloquence et tords-lui son cou!
De la musique avant toute chose.