Spanish poem
Abuelito
by Felipe Pinglo Alva (1899–1936)
“Abuelito”, dijeron los nietos, –el jardín baña luna estival– “ya que estamos doblando la infancia, dinos algo de la pubertad.”
Y el anciano de cabellos blancos, apoyado en nudoso bastón, va al jardín para hablarle a los nietos lo que el mundo ha escrito en su corazón:
“Es la infancia una eterna alegría, feliz lapso de diario gozar; todo cambia al correr de los años y así entramos en la pubertad.
Amoríos, crueldades de mujeres, drogas, farras, noches de banal, un ensueño de eterna quimera y una sola y penosa verdad.”
A la pálida luz de la luna, se estrecharon los nietos a él, “abuelito”, dijeron a una voz, “dinos algo de la gran vejez.”
Y el abuelo que un sillón sustenta, con acento calmado y con fe, una a una sus frases pronuncia y sus nietos se inspiran en él:
“Un anciano es un libro viviente, donde se hallan consejos de bien, la experiencia que por sí atesora dan a sus palabras verdad y saber.
Un anciano es el fin de la vida, es la antorcha que se va a extinguir, es el reto del dolor humano que llama a la muerte para no sufrir.”