Spanish poem
Sé Dócil, Fabio, Atiende A Mis Razones
by Francisco de Paula Martínez de la Rosa y Berdejo
Sé dócil, Fabio, atiende a mis razones Y no corras derecho al precipicio, Sin ver el grave riesgo a que te expones. Eres mozo y honrado; ves al vicio Alzar impune la soberbia frente, Y a su aspecto no más, sales de quicio; Sin reparar, oh joven inocente, Que con vano sermón nada se alcanza, Si se va contra el viento y la corriente. ¿No es mejor que a la insípida alabanza Consagres tus vigilias y sudores, Ganando para ti lucro y holganza? Celebra a los magnates y señores; Por Mecenas elige al mas menguado, Y derrama a dos manos tus loores; Que aunque en lugar de incienso regalado Mezcles inmunda pez, resina y brea, Y al ídolo en su altar dejes ahumado, Verás cuál se entumece y pavonea Con el tributo vil, y paga ufano Cuanto su necio orgullo lisonjea. Si es de mal corazón , llámale humano; Si pródigo, galán y generoso; Sabio y modesto, si ignorante y vano: Miente y adula a roso y a velloso, Seguro que ninguno te desmienta, Cierto de hallar aplauso numeroso; Y en un año, en un mes, por mí la cuenta Si has menester Apolo ni Pegaso Para lograr honores, fama y renta. No traigo a la memoria un solo caso En que el decir verdad premio consiga; Y antes por ello vi más de un fracaso: Así, no es de extrañar que el tropel siga La senda más trillada y espaciosa, Que al término conduce sin fatiga; En tanto que apocada y temerosa Se esconde la virtud bajo la tierra, Y aun allí el vicio con furor la acosa. Mas si vivir no quieres siempre en guerra A sombra de desván, pobre y desnudo, A Persio y Juvenal con llave encierra; Deja el veraz estilo, áspero y rudo, Y alambica un elogio almibarado Que cuele blandamente sin embudo. Yo no he visto en mi vida potentado Que un Licurgo no fuese en su alto asiento, Y de todas virtudes fiel dechado; Ni uno tampoco he visto que, al momento Que por tierra cayó, no mereciera Servir, cual otro Luna, de escarmiento. No he visto un general que no pudiera A César y a Pompeyo dar lecciones, Y que no esté atrasado en su carrera; Ni un asentista, henchido de doblones, Que no fuese columna del Estado, Del pueblo entre las crudas maldiciones. ¿Quién halló un juez venal en alto estrado? ¿Quién no encontró talento a un palaciego? ¿Quién conoce un bribón condecorado?... Pues en la corte estás, y no eres ciego, Díme si, aunque demonio te volvieras, Halláras leña en que cebar tu fuego. Juro y rejuro, hablándote de veras, Que falta material a la censura, Como mentir y calumniar no quieras: Y si debiste al cielo por ventura Musa festiva, alegre y burladora, La diestra armada de manopla dura, Hazle amansar su furia azotadora, O procura que pague el escudero El encanto fatal de su señora. Este es el medio, Fabio, que prefiero; Que no es nuevo pagar el inocente, Y ostentarse el culpable erguido y fiero: Y si lanzar no puedes de la mente La viva comezón de incuba Musa, Que ni paz ni reposo te consiente, De aquel feliz arbitrio al menos usa, Y en posadera ruin descarga recio, Sin tener que pedir perdón ni excusa. A un alcalde pedáneo llama necio; Di que roba a mansalva un boticario; Trata a un pobre cornudo con desprecio; Saca a plaza un poeta perdulario; Empluma alguna vieja Celestina, O acusa a un fiel de fechos de falsario... Mas cuenta que la misma ventolina No te engolfe después en mar bravia; Do el piloto más diestro halla su ruina. Regla sin excepción: en viendo usía. Hermanadas están virtud y ciencia, Y las debes tratar con cortesía; Y si asomos vislumbras de excelencia, O de una placa atisbas los reflejos, Ya les puedes hacer la reverencia. Mas si infundados juzgas mis consejos, Por norma elige al cazador prudente, Que audaz persigue a liebres y conejos; Y cura bien no echarla de valiente Con los soberbios tigres y leones, De corva garra y de aguzado diente. Del mar en las undívagas regiones El pez mayor embiste al pequeñuelo, Y huye de los hambrientos tiburones; Y en las aves alígeras del cielo Tras la paloma arrójase el milano, Y del buitre rapaz no turba el vuelo. Tan natural y propio al ser humano Es perseguir al débil y abatido, Y evitar aun el riesgo más lejano , Que no verás rapaz recién nacido Que al flaco gozquecillo no atormente, Y de robusto can no huya al ladrido. Lo mismo debe hacer hombre prudente; Que lo demás son pláticas de antaño, De que se burla ya la culta gente. Y si tal vez creyeres que te engaño, A salvo pongo el ánima y conciencia Con prevenirte a tiempo de tu daño: Haz por juego siquiera la experiencia; Mas no te quejes del rigor del hado, Cuando sufras la dura penitencia. Yo por mi parte huiré de tal pecado, Aunque Apolo me ofrezca su corona: Que es lícito en el mundo ser malvado; Mas decir la verdad no se perdona.
excelencia
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