Spanish poem
Don Francisco de Quevedo Villegas
«La Méndez llegó chillando con trasudores de aceite, derramado por los hombros el columpio de las liendres.»
«Aguardas por ventura, Discreta y generosa Casilina...»
¿Por cuánto no querrías Llegar ociosa a iguales desengaños? A tan amargos días? A fin tan triste de tan dulces años, Donde aun la flor del ánimo se pierde? A tal invierno de una edad tan verde?
Enséñame, cristiana musa mía, Si a humana y frágil voz permites tanto, De Cristo la triunfante valentía Y del rey sin piedad el negro llanto; La magestad con que el autor del día Rescató de prisión al pueblo santo: Apártense de mi mortales bríos Que están llenos de Dios los versos míos.
Acabó de tronar, y con la mano Remesando la barba yerta y cana, Y exhalando la boca del tirano Negro volúmen de la niebla insana; Dejando el trono horrendo e inhumano Que ocupa fiero y pertinaz profana, Dio licencia a la viva cabellera Que silbe ronca y que se erice fiera.
Más visto he, Galafrón, una paloma, Cierta señal que Citeréa ayuda; A la derecha mano el vuelo toma; Aminta se ablandó, quiere sin duda: ¡Oh poderosa fuerza del encanto, Que tanto puedes, que has podido tanto!
¿Dónde vas, ignorante navecilla, Que olvidando que fuiste un tiempo haya, Aborreces la arena de esta orilla Donde te vió con ramos esta playa?
«Esta que miras grande Roma agora, Huésped, fue yerba un tiempo, fue collado: Primero apacentó pobre ganado, Ya del mundo la ves reina y señora;
Fueron en esos atrios Lamía y Flora De unos admiración, de otros cuidado; Y la que pobre Dios tuvo en el prado, Deidad excelsa en alto templo adora.»
De tu peso vencido, Verde honor del verano, Yaces en este llano Del tronco antiguo y noble desasido: Dando venganza estás de ti a los vientos, Cuyas líquidas iras despreciabas, Cuando de ellos con ellas murmurabas Imitando a mis quejas los acentos. Humilde agora entre las yerbas suenas, Cosa que de tu altura Nunca temer pudieron las arenas; Y ofendida del tiempo tu hermosura Ocupa en la ribera El lugar que ocupó tu propia sombra: Menos gastos tendrá la primavera En vestir este valle, Después que fallas a su verde alfombra. ¿Qué hará el jilguero dulce cuando halle Su patria con tus hojas en el suelo? ¿Y la parlera fuente, que aun ignorante de prisión de hielo Exenta de la sed del sol corría? Sin duda llorará con su corriente La licencia que has dado en ella al día. Tendrá un retrato menos Pisuerga, que mostrar al caminante En sus cristales puros; Cualquier pájaro amante Desiertos dejará tus brazos duros: Y vengo a poner duda Si para que te habite en llanto tierno, A la tórtola basta el ser viuda.
Y porque tengo miedo que el invierno Pondrá necesidad a algún villano Tal, que se atreva con ingrata mano A encomendarte al fuego, Yo te quiero llevar a mi cabaña, Por lo que mi cansancio, estando ciego, A tu sombra le debe. Descansarás el báculo de caña conque mi vida tristes años mueve: Y ojalá que yo fuera Rey, como soy pastor de la ribera , Que cetro, antes que báculo cansado, No canas sustentaras, sino Estado.