Spanish poem
No Os Espantéis, Señora Notomía
No os espantéis, señora Notomía, Que me atreva este día, Con exprimida voz convaleciente, A cantar vuestras partes a la gente: Que de hombres es en casos importantes El caer en flaquezas semejantes. Cantó la pulga Ovidio, honor Romano, Y la mosca Luciano, De las ranas Homero; yo confieso Que ellos cantaron cosas de más peso: Yo escribiré con pluma más delgada Materia más sutil y delicada. Quien tan sin carne os viere, si no es ciego, Yo sé que dirá luego, Mirando en vos más puntas que en rastrillo, Que os engendró algún miércoles Corvillo; Y quien pez os llamó, no desatina, Viendo que tras ser negra, sois espina. Dios os defienda, dama, lo primero, De sastre o zapatero, Pues por punzón o alesna es caso llano Que cada cual os cerrara en la mano; Aunque yo pienso que por mil razones Tenéis por alma un viernes con ciciones. Mirad que miente vuestro amigo, dama, Cuando «Mi carne» os llama, Que no podéis jamás en carnes veros, Aunque para ello os desnudéis en cueros; Mas yo sé bien que quedan en la calle Picados más de dos de vuestro talle. Bien sé que apasionáis los corazones, Porque dais más pasiones Que tienen diez Cuaresmas con la cara, Que Amor hiere con vos como con jara; Que si va por lo flaco, tenéis voto De que sois más sutil que lo fue Scoto. Y aunque estáis tan angosta, flaca mía, Tan estrecha y tan fría, Tan mondada y enjuta y tan delgada, Tan roída, exprimida y destilada, Estrechamente os amaré con brío, Que es amor de raíz el amor mío. Aun la sarna no os come con su gula, Y sola tenéis Bula Para no sustentar cosas vivientes; Por sólo ser de hueso tenéis dientes, Y de acostarse ya en partes tan duras, Vuestra alma diz que tiene mataduras. Hijos somos de Adán en este suelo, La Nada es nuestro abuelo, Y salístele vos tan parecida Que apenas fuisteis algo en esta vida. De ser sombra os defiende no el donaire, Sino la voz, y aqueso es cosa de aire. De los tres enemigos que hay del alma Llevárades la palma, Y con valor y pruebas excelentes Los venciérades vos entre las gentes, Si por dejar la carne de que hablo, El mundo no os tuviera por el diablo. Díjome una mujer por cosa cierta, Que nunca vuestra puerta Os pudo un punto dilatar la entrada Por causa de hallarla muy cerrada, Pues por no deteneros aun llamando, Por los resquicios os entráis volando. Con mujer tan aguda y amolada, Consumida, estrujada, Sutil, dura, büida, magra y fiera, Que ha menester, por no picar, contera, No me entremeto: que si llego al toque, Conocerá de mí el señor San Roque. Con vos cuando muráis tras tanta guerra, Segura está la tierra Que no sacará el vientre de mal año; Y pues habéis de ir flaca en modo extraño (Sisándole las ancas y la panza) Os podrán enterrar en una lanza. Sólo os pido, por vuestro beneficio, Que el día del juicio Troquéis con otro muerto en las cavernas Esas devanaderas y esas piernas, Que si salís con huesos tan mondados, Temo que haréis reír los condenados. Salvaros vos tras esto es cosa cierta, Dama, después de muerta, Y tiénenlo por cosa muy sabida Los que ven cuán estrecha es vuestra vida; Y así, que os vendrá al justo, se sospecha, Camino tan angosto y cuenta estrecha. Canción, ved que es forzosa Que os venga a vos muy ancha cualquier cosa: Parad, pues es negocio averiguado Que siempre quiebra por lo más delgado.
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