Spanish poem
A Fabio
by Gabriel García Moreno (1821–1875)
Huye lejos de aquí, virtuoso Fabio, huye, si quieres preservar del vicio tu juventud florida, que los años presto te robarán. Mira doquiera cómo levanta la manchada frente llena de oprobio y de arrogancia el crimen; cómo se arrastra la ambición astuta en fango inmundo, y de repente sube cual fétido vapor que infesta el cielo. Allá se esconde prostituta infame bajo adornos marciales, y su mano tímida empuña el relumbrante acero, jamás enrojecido en las batallas. Impresos lleva en su amarillo rostro los asquerosos surcos, las señales que en lecho torpe atesoró. Ninguno de cuantos vicios inventara el hombre en largos siglos de maldad, ignora: traición, perjurio, latrocinio, estafa, libertinaje impúdico, furores de bárbara opresión... su vida impura encerrada en artículos se encuentra en el severo código que inspira saludable terror a los perversos. ¡Y este de corrupción conjunto horrible, monstruo que hasta el patíbulo infamara, éste triunfa, domina, tiraniza, y respira tranquilo! Al pueblo imbécil con fementido labio artero invoca, y le ultraja feroz, ¡y el pueblo sufre!, llora abatido, y resignado calla. ¡Oh vergüenza, oh baldón! Proscrita en tanto la probidad se oculta, perseguida por el delito atroz de su inocencia, sin cesar acosada, expuesta siempre, en inseguro asilo, a la perfidia del delator vendido que la acecha. Así tu patria está. No tardes, huye. ¿Qué esperas? ¿Quieres de tu vida infausta la suerte mejorar con tu paciencia? Te engañas, infeliz. A la fortuna la áspera senda del honor no guía. Quien a las altas cumbres la audaz planta mueve y subir procura, no consigue sino elevarse a la región del rayo; mas, si los Andes deja, prefiriendo valles ardientes de fecundo suelo, se ofrecen luego a su encantada vista flores y frutos en frondosas selvas: así el hombre que intrépido se avanza de la virtud a la fragosa altura, camina a la desgracia, mientras goza, en el campo feraz de la ignominia, de iniquidad el premio el delincuente. Mira en torno de ti y aprende cauto, si a la opulencia aspiras, el secreto que conduce al poder. Miente, calumnia, oprime, roba, profanando siempre de patria y libertad el nombre vano: bajeza indigna, adulación traidora, previsor disimulo, alevosía y sórdido interés por ley suprema, presto te elevarán; y tu infortunio sombra será como el terror de un sueño. ¿No ves a Espino el cínico, que entona el hosanna triunfal para el que vence, y, cuando pasa al Gólgota, le insulta gritos lanzando de exterminio y muerte? Pues serena su vida se desliza de revuelta en revuelta, como corre, del rugiente Sangay en el declivio, entre ceniza y desgarradas peñas, infecta fuente de insalubres aguas. Y Corredor, y Viperino, y tantos cobardes y rebeldes, que a tumultos y no a combates sus galones deben; y el renegado y falso Turpio Vilio, que en todos los partidos sienta plaza y de todos, vendiéndose, deserta: del polvo se encumbraron, impelidos al raudo soplo de inmortal infamia. En esta tierra maldecida, en esta negra mansión de la perfidia, ¿sirven para algo la lealtad, la valentía, la constante honradez, los nobles hechos del que a la gloria inmola su existencia? De vil ingratitud la hiel amarga, de la envidia el veneno y muchas veces fatídico puñal... tal es el premio que el Ecuador a la virtud presenta. Malvado o infeliz: no hay medio, escoge, decide pronto, y antes que te oprima como dogal de muerte la desgracia... Mas no: desprecia impávido, animoso, los cálculos del miedo; a la cuchilla inclina la cerviz y no a la afrenta; y aunque furiosa la borrasca brame, y ronco el trueno sobre ti retumbe, inmóvil, firme tente, que al cadalso arrastrarte podrán, no envilecerte. Conozco, sí, la suerte que me aguarda: présago, triste el pecho que me la anuncia en sangrientas imágenes que en torno siento girar en agitado sueño. Conozco, sí, mi porvenir y cuantas duras espinas herirán mi frente; y el cáliz del dolor, hasta agotarle, al labio llevaré sin abatirme. Plomo alevoso romperá, silbando, mi corazón tal vez; mas, si mi patria respira libre de opresión, entonces descansaré feliz en el sepulcro.