Spanish poem
Libro VII
by Graciliano Afonso (1775–1861)
Tú tambien les darás un nombre eterno, ¡O Gaeta! de Eneas la nodriza, A las riberas nuestras con tu muerte; El lugar dó reposan tus cenizas Rendirá su homenage á este precioso Depósito ; y si acaso es adquirida Esta gloria á tu nombre, tu sepulcro Dará á la grande Hesperia inmortal vida.
Despues que cumplió Eneas los deberes Fúnebres, que la piedad le prescribia; Despues que levantase la eminencia Del sepulcro, al ver la mar tranquila, Se hace á la vela y abandona el puerto: Cuando la noche llega, un viento envia Fresco y blando, y el disco de la luna Ofrece al navegante luz propicia,
Y las ondas mecidas blandamente Con sus trémulos ayos reflectian, Y ya cási tocaba en la ribera De la tierra famosa, dó la hija Poderosa del Sol, que sonar hace Sin cesar las florestas escondidas Con su canto armonioso; y retirada Estaba en el palacio donde habita, Que en la noche ilumina con la llama De odórifero cedro; y diestra agita Con los ágiles dedos la ruidosa Lanzadera, que en hilos presta gira De su flexible tela; desde lejos Se oye al leon rugir, cuando resista A la cadena, y exhala en las tinieblas De la noche su rabia; tambien gritan Los osos encerrados en establos, Y los lobos ahullan; todos víctimas Desgraciadas que la Diosa infáusta Por medio de sus mágicas bebidas, De la figura humana las privára, Y crueles alimañas parecian. Mas Neptuno temiendo que el virtuoso Troyano entrase en la fatal bahía, Y sufriera mudanza tan terrible, De viento favorable entonces hincha Las velas, y pasaron los escollos, Que en púrpura brillante revestia, A las ondas y al aire colorando, La roja Aurora que su carro gira. Cuando el aire callado y sin aliento En calma fuera, que ni el remo agita