Versos Spanish Ignacio de Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea Musa, Tú Que Conoces

Spanish poem

Musa, Tú Que Conoces

by

Listen in the reader

Musa, tú que conoces los yerros, los delirios los bienes y los males de los amantes finos Dime quién fue Leandro qué Dios o qué maligno astro en las fieras ondas cortó a su vida el hilo Leandro a quién mil veces los duros ejercicios del estadio ciñeron de rosas y de mirtos Ya en la robusta lucha ya con el fuerte disco ya corriendo o nadando diestro gallardo invicto Amaba a Hero divina bellísimo prodigio sobre cuantas bellezas Sesto admiró y Abido Negro el cabello ufano con naturales rizos realzaba del cuello los cándidos armiños En proporción y gala de rostro talle y brío quiso ostentar el cielo esmeros peregrinos. Pero aun más que otras gracias brillaba el atractivo de una modestia humilde de un natural sencillo Tal entre los celajes de nubes escondidos vibran del sol los rayos ardores mas activos Y tal entre las flores a gustos exquisitos más que una rosa agrada un cárdeno jacinto. Viola Leandro un día en los cultos festivos que a Venus tributaban de Sesto los vecinos. Era sacerdotisa del templo y sacrificio, y aún emulaba en todo al sacro numen ciprio. Viola en el gran concurso de los solemnes ritos brillar único asombro viola y quedó perdido Y a la deidad del templo, con el nuevo excesivo ardor que le abrasaba frenético la dijo: «Gran diosa de Citeres de Pafos y de Gnido esta mortal belleza es tu traslado vivo »Perdona, pues si a ella tus mismos cultos rindo y si un traslado adoro equívoco contigo» Oyó Venus sus voces oyolas el dios niño y decretaron ambos venganzas y castigos Tanto el enojo puede en ánimos divinos un lenguaje del alma ha de ser un delito Dígame el que conozca a Venus y a Cupido si es más cruel la madre o es más cruel el hijo. Qué sé yo: cruel la madre, crüel y vengativo es el hijo, que ejerce tiránicos caprichos. Miró tierno Leandro, habló amante, instó fino, ya mudo, ya elocuente, con ojos y suspiros. Oyole Hero con pecho ya tímido, ya esquivo, mas poco a poco un fuego la entró por los sentidos un fuego que es veneno un fuego que es martirio si es martirio y veneno ¿cómo es apetecido? De una torre en la playa el murado recinto de esta sacerdotisa era albergue y retiro. Allí, cautos, sus padres del concurso y bullicio este bello tesoro guardaban escondido Mas contra amor ¿qué muro será seguro asilo si todo lo penetran sus vencedores tiros? Leandro, enamorado resuelto y atrevido los reparos allana desprecia los peligros. Pasar nadando ofrece del uno al otro sitio prometiendo himeneos nocturnos y furtivos. Mas sobre las almenas del la torre encendido quiere que un farol arda de sus bodas testigo Cuya luz para el nueso peligroso camino sirva de norte y guía en rumbos no sabidos Arde farol no ceses astro de amor benigno que astro serás de muerte si se apaga tu brillo Lleno ya de esperanzas vuelve Leandro a Abido y cuenta los instantes como si fueran siglos Llegó en fin de las sombras el lóbrego dominio obscureciendo objetos remotos y vecinos El joven en la playa arrojando el vestido a las ondas se entrega con intrépido brío y alternando de brazos y pies el ejercicio, ágil y diestro rompe el ímpetu marino Mas ya había gran trecho del piélago vencido y ya el cansado brazo rehusaba su oficio. Clara brillante luna con rayos reflexivos de Anfitrite a los campos daba argentados visos Leandro ya al extremo terminó reducido a su favor acude en el fatal conflicto Diosa triforme dice con ánimo sumiso protectora de amantes propensa siempre a oírlos Si los casos de Latmos no has puesto aun en olvido y sabes lo que puede un amor como el mío Seame aquí tu numen favorable y propicio y en la playa de Sesto dame el puerto que pido Fuese el favor del numen o fuese el norte fijo del farol, que ya cerca vio arder con grato auspicio, o fuese amor, que suele con prósperos principios atraer los amantes a infaustos precipicios, Cobrando nuevo aliento a esfuerzos repetidos, afierra de la arena el suelo movedizo. Allí a aguardarle sola su fina esposa vino y al verle tiembla toda de susto y regocijo «Ven, esposo» —le dice—, «llega a los brazos míos; para exponerte tanto, ¿cómo ha de haber motivo? »Amor venció tan duro insólito camino. ¿Cómo vienes? ¿Qué numen tu conductor ha sido?» Así diciendo, enjuga los restos del rocío salobre que de cuerpo corrían hilo a hilo, Y a la torre le guía aliviando el prolijo afán con oficiosos brazos entretejidos. Entretanto Himeneo, volando en torno el vivo sagrado fuego enciende de sus nupciales pinos Pero antes que saliese el astro matutino ya volvía Leandro a su confín nativo. Así todas las noches por el silencio amigo iba nadando a Sesto centro de sus cariños Tal ruiseñor amante vuela y revuela el nido donde de su consorte le llama el tierno pico Pero en amor que halago se vio jamás continuo, movibles son sus dichas sus escarmientos fijos Siete días pasaron sin mostrarse de Cintio la luz siete noches sin luceros ni signos En fin salió una aurora con ceño y desaliño siguiose triste día en tenebroso Olimpo. La noche añadió horrores y para más cumplirlos dio licencia a los vientos Eolo , su caudillo. Leandro en tanto triste anhela ver tranquilo el mar y ya calmados los vientos enemigos Pero al fin impaciente cediendo a su destino fuese a la playa y de esta manera habló consigo «Corazón, ¿qué te espanta? ¿Qué importará que tibios huyamos de una muerte si de otra nos morimos?» Dijo, y de su arrestado amante desvarío impelido se arroja al mar embravecido. Y a pesar de su furia contra los torbellinos lucha con fuerte brazo por no poco distrito. Pero ya se redoblan del Aquilón los silbos levanta el mar sus olas aumenta sus bramidos. ¡Ay, mísero Leandro, ya con dolor te miro contiguo a las estrellas y al Tártaro contiguo! Apuradas las fuerzas sin aliento, sin tino, y del farol amado el claro norte extinto Viendo por todas partes presente a los sentidos de la pálida muerte el bárbaro cuchillo A las ondas se vuelve trémulo y semivivo hallar piedad pensando donde nunca la ha habido «Ondas, si darme muerte es decreto preciso, no a la ida, a la vuelta matadme a vuestro arbitrio». Las crueles ondas niegan al ruego los oídos y le sepultan dentro de su profundo abismo Entonces exhalando el último suspiro tres veces a Hero llama con lamentable grito Viole el Alba otro día cuando dejaba al Indo y tuvo horror del triste espectáculo indigno Al pie de la alta torre del mismo mar traído yacía el infelice yerto cadáver frío Cual suele quedar mustio cárdeno hermoso lirio si le arrancó el arado o deshojó el granizo Viole Hero y de la torre se arroja sobre el mismo cadáver y allí logra en la muerte el alivio Así tuvieron ambos igual fin indiviso viéndose en vida y muerte Hero y Leandro unidos Es fama que lloraron de Sesto los sombríos bosques y que se oían mil veces los gemidos Y al huésped extranjero llorando compasivo cantaba el triste caso el morador de Abido Y hasta en lejanos climas con flebil tierno estilo el trágico suceso cantaba el peregrino.