Spanish poem
La Marquesa De Sofraga
Doña Inés de Palacios, Marquesa de Sofraga, En Santa Fe se aburre. Su mente en sueños vaga, Y ante la tarde mustia, con pesadumbre inmensa, En los risueños cármenes de su Sevilla piensa. Al frente, la «Sabana», su gris monotonía, La plaza casi sola, y honda melancolía Flotando en el crepúsculo. Como imprecisa bruma, La nostalgia, en el tedio, su corazón abruma, Y de un dolor recóndito su voluntad cautiva, Apoya en ambas manos la frente pensativa. Se aburre la Marquesa. Canónigos y Oidores, El Marqués y el Prelado, siempre en riña. Rencores Ocultos y que estallan; disputas cada instante En la plaza, en la Audiencia y en el atrio, delante De su balcón. Las tardes, tristes cual las mañanas, Y frío, lluvia o nieblas, y toques de campanas. La Marquesa se aburre. Pero de pronto, esbelta, Los ojos enjugándose, y en amplio abrigo envuelta, Se pone en pie y se asoma. Y apuesto caballero, De Tunjuelo, Pasquilla y Ubaque encomendero, Tañedor de guitarra, noble galán, llamado Don Gonzalo Armendáriz de Borja y Maldonado, Pasa, y algo se dicen. Cambian mirada amante: Se enciende la alegría de ambos en el semblante; En el alma ella siente que un ensueño se irisa, Y en sus labios florece la luz, de una sonrisa. Y ya feliz, en tanto que la tarde se apaga, Cierra el balcón la hermosa Marquesa de Sofraga.