Spanish poem
La Tribu De Guatavita
La tribu de Guatavita, En homenaje a las aguas Se apresta el rito sagrado A celebrar. Ya sus danzas Las bellas hijas de nobles Van ensayando con planta Ligera, al són de cantares, De chirimías y flautas. Limpia tiende la laguna Su cristal. En la comarca Todo se anima en espera Del gran día. Flores cándidas, Rojas y amarillas, abren Sus corolas en las ramas; Y de los campos vecinos Van trayendo leves auras El rumor de los maizales, Donde aves pían y cantan. Parece que en Guatavita Al júbilo de las almas La alegría esplendorosa Del verano se juntara. Desde distantes bohíos Van llegando alborozadas Tribus amigas. De polvo De oro cubierto, en mañana Resplandeciente, el cacique De Guatavita, y en andas, Por caciques conducido, Se hundirá en las ondas claras De la laguna, en el día De la fiesta de las aguas. Mensajeros han llegado De Muequetá, y hay alarma: Entre el gozo de las tribus Vienen con la nueva infausta De que guerreros extraños Que rayos del sol disparan Pusieron al Zipa en fuga Y por la llanura avanzan. ¿De dónde vienen? —«Del cielo», Unos aterrados narran; Otros que del Río Grande, Desde remotas comarcas; Que son monstruos nunca vistos, Que rayos de muerte lanzan, Que los «cercados» derriban Con desconocidas armas; Que cerrados pelotones Con flechas no los atajan; Que delante de ellos huyen Los muiscas en desbandada; Y que «Sué» como castigo Por viejas culpas los manda. No son flechas las que traen, Vienen cubiertos de láminas, Y cuando quieren el Cielo Truena, y desde lejos matan, Como el resplandor que alumbra De repente en las borrascas. Sobre prados y colinas, Azul brilla la mañana. Y el desfile, al són de música Hacia la laguna marcha. Al frente se ven los nobles; Después las vírgenes danzan, Y en silla de oro el Cacique, Entre la turba postrada Que le va lanzando flores Los ojos en alto, pasa. Su cuerpo de oro cubierto Y todo desnudo, es ascua Ante la luz de la aurora, Blanca, azul y roja y gualda. Todos llegan a la orilla. El agua fulgura mansa. El himno sagrado suena; Y al momento en que se alza El sol, en diáfano cielo, El cacique en pie, en las andas, Y la tribu en gran silencio, A las claras ondas salta... ¡Y es remolino de oro Y de fulgores el agua! Otra vez gritos y músicas Se oyen. Y oro y esmeraldas. A las aguas van cayendo Entre ruidosa algazara, Y entre rumores de frondas, Cantos y batir de alas!... Todo es júbilo. De pronto En la colina cercana Son estridente resuena; Espadas brillan y lanzas, Y relinchos de los monstruos Vienen desde la distancia. Los guerreros más se acercan... Ya de los collados bajan... Un estampido de truenos Hace vibrar la montaña... ¡Y la raza guatavita Es de españoles vasalla! De un ídolo todo de oro Que se lanzaba a las aguas Corre pronto la leyenda Aquí y en tierras extrañas; Y «El Dorado» desde entonces Fue ilusión radiosa y mágica. Mas después ya no era ídolo, En remota lontananza... Era campo inmenso de oro, Visión de todas las almas. Y tras ella los hispanos Cruzaron selvas, montañas, Ríos, desiertos, llanuras Y mortíferas comarcas; Y así fueron ensanchando El poderío de España, Y un nuevo mundo en la tierra Abriendo a la raza humana.