Versos Spanish Ismael Enrique Arciniegas Lo Que Hizo Pedro

Spanish poem

Lo Que Hizo Pedro

by

Listen in the reader

He aquí lo que hizo Pedro siendo un niño. La historia Refiriómela él mismo, y aún vive en mi memoria Con sus mismas palabras. Relato peregrino Fue el de Pedro. Escuchadlo: —«Mi padre era marino; ¿Viajaba para tierras lejanas, y su ausencia Duraba muchas veces un año. En la inclemencia De las noches de invierno, las manos en la frente, Veía yo a mi madre llorar amargamente, Con los ojos cerrados, en el recogimiento De su dolor, en tanto que afuera aullaba el viento». —«¿Por qué cierras los ojos?», preguntarle solía; Y enjuagándose el llanto, mi madre respondía: —«Para ver en el fondo de mi alma, hijo mío». —«Y qué ves en el fondo de tu alma?» —«Un navío Que se inclina, azotado por la mar turbulenta, Y a tu padre entre el negro fragor de la tormenta». —Verlo también quisiera», dije, dándole un beso, No lloraré... Y el día llegó al fin del regreso. Luz y gozo mi padre trajo con su presencia, Y olvidamos felices el dolor de la ausencia. Mas siempre recordaba con indecible angustia Las noches del invierno, la faz doliente y mustia De mi madre llorosa, y aquel silbar del viento Que temblar nos hacía con un temblor violento, Al pensar con tristeza, y ante el dolor a solas, En los barcos perdidos en medio de las olas. Cuando por un momento salir yo lo veía, «Ya está llorando Pedro», de mal humor decía; «Su llanto a todas horas ya de lo justo pasa!...» Mas conmovido a veces no salía de casa. En la sala, una noche, después de haber comido, Mi madre y él hablaban, creyéndome dormido, Mi padre le decía: —«Muy temprano, mañana, Con el barco saldremos para tierra lejana. Será, como otras veces, larga la travesía, Pero cada correo te traerá carta mía. Vive tranquila, y siempre ten fortaleza y calma. ...Cuanto a Pedro, él es bueno, mas tan sensible su alma; El hijo de un marino debe ser de alma fuerte Porqué tiene delante siempre el mar y la muerte. Me hacen sufrir sus gritos y su llanto, y por eso Me iré sin despedirme, me iré sin darle un beso. ¡Qué placer sentiría, qué alborozo sin nombre, Si al volver lo encontrara ya convertido en hombre! Si supiera que al alba por fuerza he de dejarlo, Su dolor, ¡cuál sería!... ¡Me iré sin despertarlo!» Así hablaba en voz baja, más todo yo lo oía. En escuchar entonces, claro está, mal hacía, Más saqué gran provecho de haberlo todo oído Cuando creían ambos que estaba y dormido, Y al oír a mi padre compadecer mi suerte, Me dije: «¡Es necesario tener el alma fuerte!» Cuando al siguiente día, ya en el cielo la aurora, De salir de la casa para el puerto era hora, De mi cuarto a la puerta se acercó sin ruido... Acercosé en puntillas... me creía dormido; Y en silencio. inclinada sobre el pecho la frente, Me miró con ternura... me miró fijamente. Abrí al punto los ojos, y como quien delira, En tanto que los brazos me tendía mi madre, dije en pie; «¡Ya no lloro... Ya no soy hombre... Mira, Padre mío»... Y entonces, quien lloró fue mi padre.