Versos Spanish Ismael Enrique Arciniegas Su Nombre: Pantaleón

Spanish poem

Su Nombre: Pantaleón

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Su nombre: Pantaleón Gutiérrez de ilustre estirpe, Enaltecida en España Con heroicidad en lides, Y de nobleza de alma Con altos y claros timbres. Era «Patriarca» llamado En toda la altiplanicie. Con la mano siempre abierta Lo vieron los infelices, Porque él sabía que al cielo Se presta cuanto reciben, Como dádiva en la tierra, Los que en la miseria gimen Con hambre, y en el invierno Sin techo que los abrigue. Era noche tormentosa, Sin una estrella visible En Santa Fe. Luces trémulas En lejanos camarines Algún retablo alumbraban O la imagen de la Virgen. En las calles solitarias El agua corría libre, Y en los cercados conventos Se oían salmodias tristes De todos cuantos en éxtasis Lejos ya del mundo viven. El «Patriarca» terminaba Su rosario, y golpes firmes Oyó en el portón. Abierto, Entra, de mirada humilde, Un visitante. Abatido, Y con débil voz le dice: —«Todo ha sido en vano, todo; No hallé a nadie que me fíe. A su bondad apelando, A su casa anoche vine; Usted me ofreció el dinero, Pero fiador me exige. »Acudí a muchos, y todos Me han dicho que es imposible... De malos negocios me hablan Y de situación difícil... Que aunque me juzgan honrado El plazo puede cumplirse Sin que la deuda se pague... Y, en tanto, miseria horrible En mi hogar. Esposa e hijos Con harapos, pan me piden. Comprometida mi honra, Y la suerte me sonríe Ahora por vez primera, El corazón me lo dice, Pero necesito el préstamo; De otro modo habré de hundirme Sin que una luz, aunque débil, De esperanza ante mí brille». El «Patriarca» le responde Con voz en que se percibe La caridad de las almas Que del bien nunca se eximen: —«Tendrá el dinero al instante Como anoche se lo dije, Y sin interés, mas debe Traerme aquí quién lo fíe. El dinero es de mi hijos... Mi conciencia así lo exige». —«Lo comprendo. Sin descanso Me moví, y esfuerzo hice. A un amigo y a otro amigo La fianza fui a pedirles, Más la pobreza es pobreza, Y el egoísmo invencible, Y la honradez de otros años Se olvida, y de nada sirve. Pero un fiador yo tengo: Mi corazón, siempre libre De doblez, en Él reposa; Sobre el dolor que me aflige... Más ignoro si le basta». El «Patriarca» entonces dice: —«No exijo mucho. Tan solo Un testigo». Abrió su humilde Capa. Bajo ella traía Un crucifijo Él, que vive Consolándome en mis penas; Él, que en horas de indecible Amargura, ve en mi alma, Me conoce, y será firme Garantía de mi deuda, Así sollozando dice. —«Es más e lo que pedía». Responde. Al punto recibe El dinero. Y el «Patriarca». De Cristo la santa efigie Que le daba por testigo En devolvérsela insiste. —«No, Guarde ese Crucifijo, Fiador que me permite Rescatar mi honra. Algún día Vendré por él». Otra triste Noche vuelve el visitante, Más, ¡cuán distinto! Despiden Luz animada sus ojos, Y al «Patriarca» se dirige Con el dinero prestado. En tanto, feliz sonríe, —«Reciba las bendiciones A la que ha salvado», exclama. Y el «Patriarca», de apacible Mirada, descuelga el Cristo. —«No. Reténgalo», le dice, «Guarde e fiador que un día, En mi desventura horrible No me abandonó. Que Él sea De mi gratitud sin límites Memoria imperecedera; Y esas manos que redimen Sobre la cruz enclavadas, Manos del Mártir sublime, Sean manos adorables Que siempre su hogar bendicen».