Spanish poem
Con el gran mal que me sobra...
I
Con el gran mal que me sobra y el gran bien que me fallece, en comenzando algún obra. la tristeza que me cobra todas mis ganas empece; y en queriendo ya callar, se levantan mil suspiros y gemidos a la par, que no me dejan estar ni me muestran qué deciros.
II
No que mi decir se esconda, mas no hallo que aproveche, que puesto que me responda vuestra vela o vuestra ronda, responderá que yo peche; dirá luego: -¿Quién te puso en contienda ni cuestión? Yo, aunque bien no me escuso ni rehúso ser confuso, contaré la ocasión.
III
Y diré que me llamaron por los primeros mensajes, cien mil que os alabaron y alabando no negaron recibidos mil ultrajes; mas es tal vuestra beldad, vuestras gracias y valer, que Razón y Voluntad os dieron su libertad sin poderse defender.
IV
Emprendí, pues, noramala ya de veros por mi mal, y en subiendo por la escala, no sé cuál pie me resbala, no curé de la señal; y en llegando a la presencia de bienes tan remontados, mis Deseos y Cuidados todos se vieron lanzados delante vuestra excelencia.
V
Allí fue la gran cuestión entre Querer y Temor; cada cual con su razón
esforzando la pasión y alterando la color; y aunque estaba apercibido y artero de escarmentado, cuando hubieron concluido, el temeroso partido se rindió al esforzado.
VI
Y como tardé en me dar esperando toda afrenta, después no pude sacar partido para quedar con alguna fuerza exenta; antes me di tan entero a vos sola de quien soy, que merced de otra no espero, sino de vos, por quien muero, y aunque muera, más me doy.
VII
Y en hallándome cautivo y alegre de tal prisión, ni me fue el placer esquivo ni el pensar me dio motivo de sentir mi perdición; antes fui acrecentando las fuerzas de mis prisiones y mis pasos acortando, sintiendo, yendo, mirando vuestras obras y razones.
VIII
Y aunque todos mis sentidos de sus fines no gozaron, los ojos embebecidos fueron tan bien acogidos, que del todo me alegraron; mas mi dicha -no hadada a consentirme tal gozo- se volvió tan presto airada, que mi bien fue todo nada y mi gozo fue en el pozo.
IX
Robome una niebla oscura esta gloria de mis ojos, la cual, por mi desventura, fue ocasión de mi tristura, y aun la fin de mis enojos; cual quedé, pues, yo quedando, ya no hay mano que lo escriba, que si yo lo voy pintando, mis ojos lo van borrando con gotas de sangre viva.
X
La crudeza de mis males más se calla en la decir, pues mis dichos no son tales que igualen las desiguales congojas de mi vivir;
mas después de atormentado con cien mil agrios martirios, diré cual amortajado queda muerto y no enterrado, a oscuras, sin luz ni cirios.
XI
Cual aquel cuerpo sagrado de San Vicente bendito, después de martirizado, a las fieras fue lanzado por cruel mando maldito; mas otro mando mayor de Dios, por quien padeció, le envió por defensor un lobo muy sin temor y un cuervo que lo ayudó.
XII
FIN
Así aguardan mi persona, por milagro, desque he muerto, un león con su corona y un cuervo que no abandona mi ser hasta ser despierto. Venga, pues, vuestra venida en fin de toda mi cuenta; venga ya y verá mi vida que se fue con vuestra ida, mas debe quedar contenta.
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