Spanish poem
El Rebelde
El cincelador italiano trabaja con el arcabuz al lado. Trata a los magnates de su siglo mano a mano y sin rebozo, arrogándose una majestad superior. Sus pasiones no se coronan de flores, ajustándose a la imagen de Platón, muy celebrado en esos días, sino se exaltan y revuelven a la manera de la hueste épica de las amazonas. Los cortesanos de un rey batallador lo saludan con un gesto de asombro y se dividen para formarle calle. Derrama en el suelo y a los pies del trono las dádivas de su arte seguro y de su numen independiente. Las joyas despiden en la oscuridad una luz convulsa y reproducen la vegetación caprichosa del mar y las quimeras del terror. Se cree invulnerable y desahoga en aventuras y reyertas la índole soberbia. Aleja de tal modo las insinuaciones del amor y de los afectos humanos para seguir mereciendo el socorro de la salamandra y de la república volante de las sílfides.
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