Versos Spanish José Antonio Ramos Sucre Una Luz Febril Recorría Los Cielos En La Noche Del Viernes Santo

Spanish poem

Una Luz Febril Recorría Los Cielos En La Noche Del Viernes Santo

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Una luz febril recorría los cielos en la noche del viernes santo. Yo distinguía los perfiles de una ciudad oculta en la sombra y el símbolo de una escala de sones volátiles en el silencio penitente. Yo me había asomado a la ventana después de consignar en un escrito los azares de una pasión ideal. Yo volvía el discurso al caso de Dante, a sus cuitas de amor en la cámara del sobresalto y de la amargura. Yo sufría del arrojo de mi pensamiento. Una forma aviesa imitaba el objeto de mis devaneos y sugería con el ademán la vista de un suplicio. El temporal, nacido en unos montes lívidos, fugaba delante de sí el tumulto de las tinieblas y esparcía las voces de una multitud precita. Yo dije entre alabanzas el nombre soberano, cifra de mis anhelos, y el fantasma lacónico se deslizó de mi presencia, dejando en su vez un reguero de polvo. Yo distinguía los perfiles de una ciudad oculta en la sombra y el símbolo de una escala de sones volátiles en el silencio penitente. Yo me había asomado a la ventana después de consignar en un escrito los azares de una pasión ideal. Yo volvía el discurso al caso de Dante, a sus cuitas de amor en la cámara del sobresalto y de la amargura. Yo sufría del arrojo de mi pensamiento. Una forma aviesa imitaba el objeto de mis devaneos y sugería con el ademán la vista de un suplicio. El temporal, nacido en unos montes lívidos, fugaba delante de sí el tumulto de las tinieblas y esparcía las voces de una multitud precita. Yo dije entre alabanzas el nombre soberano, cifra de mis anhelos, y el fantasma lacónico se deslizó de mi presencia, dejando en su vez un reguero de polvo. Yo me había asomado a la ventana después de consignar en un escrito los azares de una pasión ideal. Yo volvía el discurso al caso de Dante, a sus cuitas de amor en la cámara del sobresalto y de la amargura. Yo sufría del arrojo de mi pensamiento. Una forma aviesa imitaba el objeto de mis devaneos y sugería con el ademán la vista de un suplicio. El temporal, nacido en unos montes lívidos, fugaba delante de sí el tumulto de las tinieblas y esparcía las voces de una multitud precita. Yo dije entre alabanzas el nombre soberano, cifra de mis anhelos, y el fantasma lacónico se deslizó de mi presencia, dejando en su vez un reguero de polvo. Yo sufría del arrojo de mi pensamiento. Una forma aviesa imitaba el objeto de mis devaneos y sugería con el ademán la vista de un suplicio. El temporal, nacido en unos montes lívidos, fugaba delante de sí el tumulto de las tinieblas y esparcía las voces de una multitud precita. Yo dije entre alabanzas el nombre soberano, cifra de mis anhelos, y el fantasma lacónico se deslizó de mi presencia, dejando en su vez un reguero de polvo. El temporal, nacido en unos montes lívidos, fugaba delante de sí el tumulto de las tinieblas y esparcía las voces de una multitud precita. Yo dije entre alabanzas el nombre soberano, cifra de mis anhelos, y el fantasma lacónico se deslizó de mi presencia, dejando en su vez un reguero de polvo.