Versos Spanish José Campo Arana ¡Rebeldía!

Spanish poem

¡Rebeldía!

by (1847–1885)

Listen in the reader

No, ya no quiero consolar al triste, ni con mis manos enjugar su llanto: ya mi alma, endurecida, se resiste hasta del bien al goce sacrosanto. Ya el dolor me arrebata y desespera, sin que consuelo á la paciencia pida: ya aborrezco el dolor... ¡el dolor, que era la ilusion más hermosa de mi vida! Espíritu rebelde, á Dios me atrevo, y de su fé rompiendo ya los lazos, como reproche, ante sus ojos llevo de mi alma destrozada los pedazos. Si al escuchar mi queja en la agonía, de la lucha feroz al fin rendido, me echa en cara mi osada rebeldía, yo le podré decir: «Tú lo has querido. Tú me marcaste de la vida el paso, tú un cuerpo débil para mi alma diste: si era para el licor frágil el vaso, ¿por qué no lo cambiaste ó lo rompiste? ¿Dónde está tu justicia, que no acudes un remedio á aplicar á los dolores del que siente la fé de las virtudes y el gérmen del amor de los amores?» . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Ah, no sabeis vosotros, desdichados, que acaso oís riendo mis gemidos, los momentos de angustias ignorados que guardan estas letras escondidos! Con los años de vida que se aleja, una ilusion tras otra desparece, y hasta el rastro de fuego que en mí deja tambien año tras año palidece. Una sola, no más, conservo entera, refugio fiel donde mi fé se escuda, y esa ilusion bendita, la postrera, hoy viene á arrebatármela la duda. ¡Dios! ¿Dónde está? Mis ojos le veian en un tiempo feliz, yo no sé donde; pero siempre encontrarle ellos sabian... ¡Hoy no le encuentro ya! ¿Dónde se esconde?

A...

Suave el dorado virginal cabello, puros y azules los rasgados ojos, blanca la tez, enrojecido el labio, lánguido el talle.

¡Cuántas bellezas por mi mal nacidas! ¡Cuántos tesoros, para mí vedados! Tiemblo, mujer, al recordarte ausente, tiemblo y suspiro.

¡Sabes que sólo gozo cuando sueño (cuando en mí la existencia se interrumpe!) al dar mi mente á los recuerdos vida, sér á tu imágen!

¿Sabes amar, sin esperar siquiera ¡triste placer! que tu pasion conozcan? ¿Sabes llorar... pero llorar de celos? ¡Ay! no lo sabes.

Sigue, sigue inocente tu camino, piensa una vez, y compadece al triste; ruede una vez por tu sereno rostro lágrima ardiente.

Y cuando al seno de la madre tierra vuelva tu cuerpo, en mármol convertido, unjan tu frente de olorosas flores suaves aromas.

Tiemble al contacto de la forma pura dándole abrigo, la feliz arena, muera yo luégo, y del sepulcro frio repose al lado.