Versos Spanish José Fornaris La madrugada en Cuba

Spanish poem

La madrugada en Cuba

by (1827–1890)

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I

¡Qué hermosos brillan los campos de mi Cuba idolatrada, coronados de rocío y mecidos por las auras, cuando la luna ilumina allá por la madrugada! Alegres los estancieros dejan sus pobres hamacas: el uno el terreno siembra de plátanos y de caña, el otro a sus mansos bueyes unce coyunda pesada, y el sitiero enamorado, lleno de amorosas ansias, con melancólico acento así a su sitiera llama: "La luna está como el día y yo velando a tu puerta: despierta, mi amor, despierta, ven, acude a mi agonía. Salta del lecho, María, que la luz brillante baña desde la erguida montaña a la callada laguna: espléndida va la luna, y el astro que la acompaña"

II

Y en tanto que al son del tiple de pie junto a su ventana, el venturoso sitiero despierta así a su adorada, otra va por el camino sobre un potro de crin blanca, ojo vivo, casco duro, y dobles y llenas ancas. Él también su canto entona, que el sitiero que no canta, que no siente, ni se inspira, no es hijo de estas comarcas. Mira la luna, y doliente un hondo suspiro exhala, al recordar que es su gloria un corazón que lo engaña. Y tras el hondo suspiro quejumbrosa voz levanta; y así revela su agravio en canción apasionada: "Pálida luna que un día en amoroso desmayo, alumbraste con tu rayo la frente que yo quería. Aquella sitiera mía me inmola con dura saña... ¡Pérfida, mi nombre empaña! ¡Ella, toda mi fortuna! ¡Qué triste brilla la luna, y el astro que la acompaña!"

III

¡Oh, qué magnífica escena! ¡Qué seductor panorama! ¡Cómo reluce en las hojas la luna de madrugada! Sobre los verdes guayabos tiende el perico las alas, que parecen con la luna abanicos de esmeralda; de revoltosos totíes las negras plumas resaltan, como ramas de azabache sobre los mangos y jaguas. En el cafetal vecino por todas las guardarrayas del africano guardiero suena la rústica flauta; tenor campestre el sinsonte sus trinos de amor ensaya; seduce con blando arrullo la tórtola enamorada; atados a sus cadenas rabiosos los canes ladran; el grillo chilla, el cordero con tímido acento bala; en el árbol duerme el ave, en el bosque el toro brama, y en el batey canta el gallo precursor que anuncia el alba. Mas yo dejando la tierra busco del cielo las galas, y entre sus blancos celajes la luna de madrugada. No hay duda que es este cielo aún más bello que el de Italia, pero si fuese tan triste como es el de la Bretaña, lo quisiera por ser mío, por ser el de mis hermanas, por ser el mismo que un tiempo con mi madre contemplaba. Aquí ardió en mi fantasía del primer amor la llama, y con lirios olorosos ceñí la sien de mi amada. Bajo este cielo se mecen estas ceibas, esas palmas que me dieron sombra amiga allá en mi risueña infancia. Bajo este cielo he crecido en mis selvas y cañadas, y va en mi sangre, en mis venas, y clavando en mis entrañas. En fin sabed que lo adoro con todo el fuego del alma, porque no hay cielo en el mundo como el cielo de la patria.