Versos Spanish José Juan Tablada Retablo A La Memoria De Ramón López Velarde

Spanish poem

Retablo A La Memoria De Ramón López Velarde

by (1871–1945)

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Consagro a su memoria este Retablo: Un lucero nos guía hasta el establo Donde su numen —Niño Dios de cera— Junto al asno y al buey del Nacimiento, Que humildad y potencia diéranle con su aliento, De Reyes y pastores los tributos espera.

Pues las dádivas de monarcas y zagales Que timbraron sus versos, adornaron su cuna: Joyas y flores, oro y marfil, mirra y panales Hechos de sol y magas perlas hechas de luna.

Leyenda del Retablo: «No se ha visto Poeta de tan firme cristiandad. Murió a los treinta y tres años de Cristo Y en poético olor de santidad.

»Fue en la vida el agreste actor de pastorela Que canta villancicos, todo música y miel, Y al fin, cambiado en ángel, sobre el torvo Luzbel, Con un verso de oro entre los labios... ¡vuela!

»La belleza le dio un ala; la otra el Bien. ¡Viva así por los siglos de los siglos! Amén».

Hermano cuyos éxtasis venero Cobijados bajo tu gran sombrero Negro y tímidamente mosquetero.

El olor de azahar y los cocuyos Dentro de las magnolias fueron tuyos.

Y tus metales que juzgaron vanos, Como engendros de luna, los insanos, Cuajaron oro virgen en mis manos.

Y tu poesía que dijeron rara, Rezumando emoción es agua clara En botellones de Guadalajara.

(Pues con sudor de su barro mortal Cuaja el Poeta prismas de cristal Para que el vulgo vea al triste mundo Frisado, misterioso y profundo).

Fue tu barro también un incensario Ante Xochiquetzal; mas tu fervor Católico, ciñó el escapulario Y a la par desgranabas un rosario Perfumado con ámbares de amor...

Tus júbilos ingenuos sobre la pena están Cual sobre negro lucen, ardientes y sencillas, Azules amapolas y rojas «maravillas» Las jícaras que bruñe Michoacán.

Así en la laca nítida y brillante De tus cóncavos versos turbadores Bebiendo el agua zarca, entre las flores, ¡Mira su propio rostro el caminante!

Poeta municipal y rusticano, Tu Poesía fue la Aparición Milagrosa en el árido peñón, Entre nimbos de rosas y de estrellas, Y hoy nuestras almas van tras de tus huellas A la Provincia en peregrinación...

¡Gracias!... Porque alargaste hasta la cuna Rústica y pobre tu rayo de luna... Y le pusiste letra al pertinaz Cántico de la fuente abandonada Que sintió los enigmas de tu faz En su propio misterio reflejada.

(La fuente: compotera de azulejos Del silencioso patio de las monjas, Que los limones guarda y las toronjas En dorada conserva de reflejos...

Y donde aún, tal vez, alma beata Pero siempre golosa, en la oportuna Medianoche, hurga mieles con la plata Cómplice de los rayos de la luna).

Porque brillo de séricos mantones De Manila, tendiste en los balcones De la natal casona, pobre y fea, Al paso de las lentas procesiones.

Y en la plaza polvosa de la aldea Despertaste un nidal de ruiseñores, Entre ígneas corolas de oro y plata, Dejando oír tu honda serenata Y encendiendo tus luces de colores.

Pues florece en jardines de esperanza De la patria la gran noche sombría, Cuando en ardiente cornucopia lanza Tu cohete su luz de pedrería...

Y el clamor de la gente pueblerina Que anhelados prodigios adivina, Oros llueve, como si desde el cielo ¡Por darnos luz, el padre Ilhuicamina Arrojara los astros a su duelo!

Por los poemas que con miel de flores Amasó tu alma —monja en penitencia— Y como los monjiles alfajores Huelen a mirra y saben a indulgencia.

Por tus poemas tan sabrosos como Las mulitas del Corpus, que en el lomo Llevaron hasta nuestra niñez, en sus huacales, Fragantes y jugosas las primicias frutales.

Porque entre albas cortinas y entre flores De tu jardín y germinada chía, Y naranjas con oros voladores, Encuadras tu sentida poesía En un altar de Viernes de Dolores.

Porque en tus versos armonizas y unes Con el afán de indígenas telares Copal de misas, ocios de San Lunes Y aromas de verbenas populares.

Porque colgaste de tus rimas rudas Y con pólvora sabia, hasta la escoria, Quemaste a la Retórica, ese Judas, En jubiloso Sábado de Gloria...

¡Porque vestiste tu ímpetu, de charro, Y de china poblana tu alegría, Y a nuestra sed, en tu brillante jarro De florecido y oloroso barro, Brindabas inebriante poesía!...

Un gran cirio en la sombra llora y arde Por él... y entre murmullos feligreses De suspiros, de llantos y de preces, Dice una voz al ánimo cobarde: «¡Qué triste será la tarde Cuando a México regreses Sin ver a López Velarde!»...