Versos Spanish José María Gabriel y Galán Adoración.

Spanish poem

Adoración.

by (1870–1905)

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STABA amaneciendo. En los espacios Del mundo sideral ya se borraban Las últimas estrellas que aun brillaban Como débiles chispas de topacios. Nada alteraba el general reposo Del mundo en la extensión de sombras llena. Ni turbaba un acento rumoroso El. solemne silencio religioso De la noche serena...

Mansa, indecisa, vaga todavía, La luz matutinal ya despuntaba, Y en trémulos fulgores envolvía Un paisaje de Abril que se esfumaba En la vaga y borrosa lejanía.

Iba a salir el sol. El horizonte De luz amarillenta se teñía, Y de rumores se llenaba el monte Y el valle se poblaba de armonía; Y en el obscuro monte rumoroso. Surgiendo acompasada, Se iniciaba la intensa melodía Del sublime y grandioso Preludio musical de la alborada.

Iba a salir el sol. Lo presentía La gran Naturaleza Que en el sereno despertar del día, Espléndida, sublime en su grandeza, Y henchida de vigor se estremecía.

El soberano toque misterioso De la mano de Dios la despertaba, Y a su sereno despertar grandioso. Con vigor portentoso, La vida universal se reanimaba-

De su jugo vital iban a henchirse Los gérmenes hundidos en la sombra Al beso de la luz iban a abrirse Los cálices plegados de las flores Que al valle dan alfombra Y a las brisas suavísimos olores; La tropa peregrina De pájaros cantores, aun dormidos. Iba a cantar su estrofa matutina Al posarse en los bordes de sus nidos La del radiante sol, luz argentina, Y las errantes brisas olorosas, Las frondas rumorosas, Las aguas transparentes De los ríos, los lagos y las fuentes. Los cerros de la sierra... ¡Todo cuanto en la tierra Produce, con acentos diferentes. Trino, ruido, voz, eco o lamento. Al sentir ya cercana La luz del astro, que preside el día, Preludiaba con gárrula armonía El himno anunciador de la mañana!

II

Y el sol salió. Sus vivos resplandores Se esparcieron en franjas ambarinas Y explosiones de luz y de colores, De acentos y rumores, Palpitaron por valles y colinas.

El coro de los pájaros cantores. Desatando sus lenguas peregrinas, Inundó de armonías el ambiente; Y para el gran concierto que a la aurora Dedicaba la gran Naturaleza, El bosque dió su voz, honda y sonora, Su aroma dieron las gentiles flores, La alondra dió cantares, El rocío del valle dió colores, El aura dió rumores, Soñoliento gemir los anchos mares, Vapores las cañadas, La flauta del pastor dulces tonadas, Y el Oriente bellísimos celajes Y el éter vibraciones irisadas.

Y aquella voz magnífica, una y varia. Que en sus senos encierra, Con toda la armonía de los cielos, Los rumores que vibran en la tierra, Al cantar a la aurora sonriente Su himno de amor magnífico y ardiente, Parece que decía: ¡Gloria al Dios cuya voz omnipotente Del caos hizo el día!...

III

En medio del alegre y peregrino Concierto musical de la mañana, Un eco grave, dulce y argentino Se dilata en el valle... ¡Es la campana De la ermita cercana!

Impío, ven conmigo; y tú, cristiano, Ven conmigo también. Dadme la mano, Y entremos juntos en la pobre ermita Solitaria, pacífica, bendita... Ante el ara inclinado Ved allí al Sacerdote... Ya es llegado El sublime momento... ¡Elevad un instante el pensamiento! El dueño de esa gran Naturaleza Que admirabais conmigo hace un instante. El Soberano Dios de la grandeza, El Dios del infinito poderío ¡Es Aquel que levanta el Sacerdote En su trémula mano! ¡De rodillas ante Él! ¡Témele, impío! ¡De rodillas! ¡Adórale, cristiano! Yo también me arrodillo reverente, Y hundo en el polvo, ante mi Dios, la frente.

José María Gabriel y Galán.