Versos Spanish José María Heredia y Heredia Desengaños

Spanish poem

Desengaños

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Cana mi frente está, mas no por años, Que veinte y seis abriles, aún no cuento; Cana mi frente está, no por espanto Que no temí jamás. ¡Ay! el tormento De ansiar un bien ideal, que de mí ha huido Cual vana sombra; el ponzoñoso encanto Del falso amor, y su ilusión perdida Mi tierno corazón han desecado, Y, como duro cierzo, han devorado La dulce primavera de mi vida. Joven lleno de ardor, yo recorría Con grave afán y meditar profundo Las maravillas del visible mundo La estrellada región de Poesía. Osé bajar a la profunda fuente De la verdad, y reflejó en mi mente Su santidad y cándida hermosura. Por premio a tanto afán la tumba oscura Me devoraba en flor, dudosa fama Dejándome esperar en lo futuro. Contra envidia y calumnia mal seguro, Sentí apagar de mi ambición la llama, Y con profunda ira Cerré mis libros, y quebré mi lira. De mi oprimida patria los clamores Turbaron mi quietud. Entre las manos La vi gemir de un pueblo de tiranos, Y devorar del yugo los horrores. Ardió mi sangre, y exaltado, fiero, Juré su libertad, y otros conmigo, Y vi temblar al déspota severo, Y tenderme falaz mano de amigo, Dándome parte en el poder: rehúsela: Quise más que opresor ser oprimido; Y osando sacudir la vil cadena, De noble orgullo y esperanza henchido, Lanzeme audaz a la terrible arena. «Cubanos», dije, «¿en servidumbre impura El yugo sufriréis por siempre yertos? ¿Sólo entre cataratas y desiertos Producir pudo un Washington natura? A la lucha terrible que preveo La espada y pecho apercibid, cubanos: Mostrad aliento digno de espartanos, Y en mí tendréis al vengador Tirteo. La agonizante patria gime triste, Y no la salvarán clamores vanos: ¡Cuando amagan y truenan los tiranos En hierro y sangre la salud consiste!» De mi patria los ojos un momento Atraje sobre mí... ¡Delirio insano, Presa mironos del feroz tirano, Sin sacudir su torpe abatimiento; Y en medio de una hueste conjurada, No se nos dio ni desnudar la espada. Mis compatriotas nuestra ruina vieron Sin gozo, indignación, ni pesadumbre, Y en la vil servidumbre Con más profunda ceguedad se hundieron. El suplicio que fiero me amagaba Pude evitar, y en extranjero cielo Senti apagar el generoso anhelo Que tan indigna ingratitud pagaba. De la vana ambición desengañado, Ya para siempre adjuro El oropel costoso de la gloria, Y prefiero vivir simple, olvidado, De fama y crimen y furor seguro. De mi azarosa vida la novela Termina en brazos de mi dulce esposa, Y de mi hija la risa deliciosa Del afán ya pasado me consuela.