Spanish poem
Jamás Puede Un Tirano
by José María Heredia y Heredia
Jamás puede un tirano La cadena cargar al pueblo fuerte Que enfurecido se alza, lidia, triunfa, O sufre noble muerte. ¡Pueblos famosos de la antigua Grecia, Vosotros lo decís! En el orgullo De su inmenso poder jura Darío A torpe servidumbre someterlos, O a la desolación: estremecida Yace la tierra, y en silencio yerto Aguarda el yugo en estupor hundida. Mas alza Atenas la sublime frente, E impávida resiste Al furibundo asolador torrente, Que en su valor el ímpetu quebranta. ¡Campo inmortal de Maratón! Tú viste De Milciades magnánimo la gloria; Y luego en Salamina y en Platea Teraístocles, Arístides, Pausanias, Triunfan, y en Grecia truena De libertad el grito y de victoria. ¡Tierra de semidioses! ¿Cómo pudo Cargarte el musulmán la vil cadena, Que cuatro siglos mísera sufriste? Raza degenerada, ¿No el nombre de Leónidas oíste? ¿O el despotismo audaz ha devorado Las páginas de luz en que la historia Consagra los recuerdos De tu antigua viirud y de tu gloria? Mirad como se acerca enfurecido El segundo Mahomet, y precedido Marcha de sangre y devorante fuego: En vez de apercibirse a los combates, ¡Ved cuan pálido tiembla el débil griego! ¡Ignominia! ¡Baldón! Su negro manto Por Grecia desolada Tiende la esclavitud, y el templo santo Profana el musulmán con sus furores. Europa consternada se estremece Cuando la media luna destructora A Bizancio domina, y vencedora Cual fúnebre cometa resplandece. ¿Dónde la Grecia fue? ¿Dónde se ocultan De la brillante Atenas Y de la fiera Esparta y de Corinto El pasado esplendor? Miseria, sangre, Y muda esclavitud presenta sólo Por cuatro siglos la moderna Grecia. Sus vírgenes adornan el serrallo De vil bajá: la hierba solitaria Crece en el Partenón abandonado. El viajero, en escombros reclinado, En vano busca suspirando ahora La patria de las ciencias y las artes, De Roma y de la tierra la instructora. ¡Ay! todo pereció: su triste anhelo Halla tan sólo de la Grecia antigua El aire puro y refulgente cielo. Pero amanece del destino el día, Y Grecia es libre ya. Se alzan sus hijos Que ha poco la olvidaban, O en languidez imbécil suspiraban Por el socorro infiel del extranjero. Su genio majestoso, El de Aristogiton y Harmodio fiero, Deja la tumba, su radiosa frente En el cabo de Ténaro levanta Exclama ¡Libertad! ardiendo en ira, Esperanza y ardor al griego inspira, Y al feroz musulmán hiela y espanta. Los númenes antiguos Se agitan bajo el mármol mutilado, Que murmura confuso ¡Guerra! ¡Guerra! Cual se oye por los senos de la tierra Vagar trueno profundo y dilatado. Ya vuelan por la Grecia estremecida De ¡Libertad! y ¡Gloria! y de ¡Venganza! Furibundos clamores: Levántanse oprimidos y opresores, Y ruge la matanza. ¡Nobles griegos, valor! ¡Que vuestros hijos Hereden libertad! Con fuerte mano La barbarie frenad de ese vil pueblo, Crudo enemigo del linaje humano. No invoquéis a los príncipes de Europa: De su ambición en el furor celoso Los esfuerzos de un pueblo generoso Con ceño miran y rencor insano. En un déspota o rey ven un hermano, Y es déspota el Sultán... Pero vosotros Armados de valor y alta constancia Sin ellos triunfaréis. Cuando los padres, Al morir en el campo de batalla, A sus hijos encargan Sangrienta herencia de venganza y gloria, Aunque la lucha prolongarse puede, Segura es la victoria. Mas ¿qué vago rumor hiere mi oído, Cual sordo trueno en nube tempestuosa Por los valles dilata su bramido? ¡Ved las sombras augustas de los héroes Abandonar las tumbas do gemían Su abandono fatal! Arma sus frentes Profunda indignación: brillan sus ojos, Bien como rayo entre tormenta umbría, Y en sus diestras armadas Resplandecen vibrando las espadas. «¡Imitadnos», prorrumpen, o «atrevidos Nuestra gloria eclipsad! La liza abierta, Os llama a combatir. La tiranía Por vuestros campos con aliento impuro De fuego y sangre verterá un torrente; Mas no olvidéis que secará la fuente A un diluvio de lágrimas futuro. ¿Cederéis? ¡No! ¡Jamás! Ventura, gloria Y libertad os guarda la victoria; Y la derrota, esclavitud o muerte. En vuestros jefes nuestro aliento fuerte Invisibles pondremos, Y a sus pasos do quier presidiremos». Y os inspiran, caudillos vengadores, Que al griego conducís a los combates De ardor sublime y esperanza lleno. ¡Magnánimo Ipsilanti! ¡Noble Cantacuzeno! Haced la independencia de la Grecia, Y haced su libertad. La Grecia libre Supo arrostrar de Jerjes y Darío El inmenso poder: la Grecia esclava Al musulmán cedió... ¡Lección terrible, Que aprovechar debéis! Europa entera Y de la noble América los hijos Guirnaldas tejen de laurel y rosas Que os adornen las frentes generosas. Vuestro puro patriótico ardimiento A nuestros nietos contará la historia, Y en el augusto templo de la Gloria De Washington a par tendréis aliento. ¡Oh!, ¿No lo veis? De Grecia las montañas Fuego desolador va recorriendo, Y el Eurotas sonante y el Pamiso Escuchan retumbar en sus orillas De áspera lid el tormentoso estruendo. El grito ¡Libertad! los aires llena, Y el Bósforo agitado Hasta Bizancio ¡Libertad! resuena. Del Sultán al mortífero decreto Se lanzan los genízaros... Miradlos Del griego vengador bajo la espada Desparecer, como al furor del fuego La hierba de los campos desecada. Salamina repítese y Platea. Mas ¿qué valen? ¡Oh Dios! ¿Nunca se agota El torrente de bárbaros...? ¡Oh! vedlo Cual se renueva sin cesar, y corre Como el flujo feroz del Océano. Violento, asolador, irresistible... ¡Oh ceguedad funesta, incomprensible, De matar y morir por un tirano! ¿Cuánta sangre y furor! Reyes de Europa ¿Cómo en vuestros oídos No suenan los tremendos alaridos Con que asordado el Bósforo retumba? ¡Oh! ¿Ser podéis fríamente espectadores De la lucha de Grecia y sus horrores? ¿Esperáis de ese pueblo generoso El exterminio...? Refrenad la furia Del musulmán fanático, y lanzadlo, A les desiertos de Asia, donde viva Sin matar ni oprimir. Aquesta guerra Útil, noble, sagrada, Aceptarán con gozo las naciones; Del mundo excitaréis las bendiciones, Y el culto de la Grecia libertada. ¡Ay! mis ojos ¡oh Grecia vengadora! Tu gloria no verán. La muerte fiera De mi edad en la dulce primavera, Cual flor por el arado atropellada, Va a despeñarme en la región sombría De! sepulcro fatal. ¡Oh lira mía! Éstos serán los últimos acentos Que haga salir de ti mi débil mano. Mas el hado no heló mi fantasia, Y en sus alas fogosas conducido Vivo en el porvenir. Como un espectro Del sepulcro en el borde suspendido, Dirijo al cielo mi postrero voto Porque triunfes ¡oh Grecia! Ya te miro Lanzar a los tiranos indignada, Y a la alma Libertad servir de templo Y al mundo escucho que feliz aplaude Victoria tal y tan glorioso ejemplo.
¡Libertad!
¡Guerra! ¡Guerra!
¡Libertad! ¡Gloria! ¡Venganza!
«¡Imitadnos» «atrevidos Nuestra gloria eclipsad! La liza abierta, Os llama a combatir. La tiranía Por vuestros campos con aliento impuro De fuego y sangre verterá un torrente; Mas no olvidéis que secará la fuente A un diluvio de lágrimas futuro. ¿Cederéis? ¡No! ¡Jamás! Ventura, gloria Y libertad os guarda la victoria; Y la derrota, esclavitud o muerte. En vuestros jefes nuestro aliento fuerte Invisibles pondremos, Y a sus pasos do quier presidiremos».
¡Libertad!
¡Libertad!