Versos Spanish José María Heredia y Heredia Volaron ¡Ay! Del Tiempo Arrebatados

Spanish poem

Volaron ¡Ay! Del Tiempo Arrebatados

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Gustavi... paululum mellis, et ecce morior.

Volaron ¡ay! del tiempo arrebatados Ya diez y nueve abriles desde el día Que me viera nacer, y en pos volaron Mi niñez, la delicia y el tormento De un amor infeliz... Con mi inocencia Fui venturoso hasta el fatal momento En que mis labios trémulos probaron El beso del amor... ¡beso de muerte! ¡Origen de mi mal y llanto eterno! Mi corazón entonces inflamaron Del amor los furores y delicias, Y el terrible huracán de las pasiones Mudó en infierno mi inocente pecho, Antes morada de la paz y el gozo. Aquí empezó la bárbara cadena De zozobra, inquietudes, amargura, Y dolor inmortal a que la suerte Me ató después con inclemente mano. Cinco años ha que entre tormentos vivo, Cinco años ha que por doquier la arrastro, Sin que me haya lucido un solo día De ventura y de paz. Breves instantes De pérfido placer, no han compensado El tedio y amargura que rebosa Mi triste corazón a la manera Que la luz pasajera Del relámpago raudo no disipa El horror de la noche tempestuosa. El insano dolor nubló mi frente, Do el sereno candor lucir se vía, Y a mis amigos plácido reía Marchitando mi faz, en que inocente Brillaba la expresión que Amor inspira Al rostro juvenil... ¡Cuán venturoso Fui yo entonces! ¡oh Dios! Pero la suerte Bárbara me alejó de mi adorada. ¡Despedida fatal! ¡Oh postrer beso! ¡Oh beso del amor! Su faz divina Miré por el dolor desfigurada. Díjome ¡adiós!: sus ayes Sonaron por el viento, Y ¡adiós! la dije en furibundo acento. En Anáhuac mi fúnebre destino Guardábame otro golpe más severo. Mi padre, ¡oh Dios! mi padre, el más virtuoso De los mortales... ¡Ay! la tumba helada En su abismo le hundió. ¡Triste recuerdo! Yo vi su frente pálida, nublada Por la muerte fatal... ¡Oh cuán furioso Maldije mi existencia, Y osé acusar de Dios la providencia! De mi adorada en los amantes brazos Buscando a mi dolor dulce consuelo, Quise alejarme del funesto cielo Donde perdí a mi padre. Moribundo Del Anáhuac volé por las llanuras, Y el mar atravesé. Tras él pensaba Haber dejado el dardo venenoso Que mi doliente pecho desgarraba; Mas de mi patria saludé las costas, Y su arena pisé, y en aquel punto Le senti más furioso y ensañado Entre mi corazón. Hallé perfidia, Y maldad y dolor... Desesperado, De fatal desengaño en los furores Ansié la muerte, detesté la vida: ¿Qué es ¡ay! la vida sin virtud ni amores? Solo, insociable, lúgubre y sombrío, Como el pájaro triste de la noche, Por doce lunas el delirio mío Gimiendo fomenté. Dulce esperanza Vislumbrome después : nuevos amores, Nueva inquietud y afán se me siguieron. Otra hermosura me halagó engañosa, Y otra perfidia vil... ¿Querrá la suerte Que haya de ser mi pecho candoroso Victima de doblez hasta la muerte? ¡Mísero yo! ¿y he de vivir por siempre Ardiendo en mil deseos insensatos, O en tedio insoportable sumergido? Ha un lustro que encendido Busco ventura y paz, y siempre en vano. Ni en el augusto horror del bosque umbrío Ni entre las fiestas y pomposos bailes Que a loca juventud llenan de gozo, Ni en el silencio de la calma noche, Al esplendor de la callada luna, Ni entre el mugir tremendo y estruendoso De las ondas del mar hallarlas pude. En las fértiles vegas de mi patria Ansioso me espacié; salvé el Océano, Trepé los montes que de fuego llenos Brillan de nieve eterna coronados, Sin que sintiese lleno este vacío Dentro del corazón. Amor tan sólo Me lo puede llenar: él solo puede Curar los males que me causa impío. Siempre los corazones más ardientes Melancólicos son : en largo ensueño Consigo arrastran el delirio vano E impotencia cruel de ser dichosos. El sol terrible de mi ardiente patria Ha derramado en mi alma borrascosa Su fuego abrasador: así me agito En inquietud amarga y dolorosa. En vano ardiendo, con aguda espuela El generoso volador caballo Por llanuras anchísimas lanzaba, Y su extensión inmensa devoraba, Por librarme de mí: tan sólo al lado De una mujer amada y que me amase Disfruté alguna paz. —Lola divina, El celeste candor de tu alma pura Con tu tierna piedad templó mis penas, Me hizo grato el dolor... ¡Ah! vive y goza, Sé de Cuba la gloria y la delicia; Pero a mí, ¿qué me resta, desdichado, Sino sólo morir?... Doquier que miro El fortunado amor de dos amantes, Sus dulces juegos e inocente risa, La vista aparto, y en feroz envidia Arde mi corazón. En otro tiempo Anhelaba lograr infatigable De Minerva la espléndida corona. Ya no la precio: amor, amor tan sólo Suspiro sin cesar, y congojado Mi corazón se oprime... ¡Cruel estado De un corazón ardiente sin amores! ¡Ay! ni mi lira fiel, que en otros días Mitigaba el rigor de mis dolores, Me puede consolar. En otro tiempo Yo con ágiles dedos la pulsaba, Y dulzura y placer en mí sentía, Y dulzura y placer ella soñaba. En pesares y tedio sumergido Hoy la recorro en vano, Y sólo vuelve a mi anhelar insano «Voz de dolor y canto de gemido».