Spanish poem
Yo Sacaré Lo Que En El Pecho Tengo
by José Martí
Yo sacaré lo que en el pecho tengo De cólera y de horror. De cada vivo Huyo, azorado, como de un leproso. Ando en el buque de la vida: sufro De náuseas y mal de mar: un ansia odiosa Me angustia las entrañas: ¡quién pudiera En un solo vaivén dejar la vida! No esta canción desoladora escribo En hora de dolor: ¡Jamás se escriba En hora de dolor! el mundo entonces Como un gigante a hormiga pretenciosa Unce al poeta destemplado: escribo Luego de hablar con un amigo viejo, Limpio goce que el alma fortifica:— ¡Mas, cual las cubas de madera noble, La madre del dolor guardo en mis huesos! ¡Ay! ¡mi dolor, como un cadáver, surge A la orilla, no bien el mar serena! Ni un poro sin herida: entre la uña Y la yema, estiletes me han clavado Que me llegan al pie; se me han comido Fríamente el corazón: y en este juego Enorme de la vida, cupo en suerte Nutrirse de mi sangre a una lechuza. ¡Así hueco y roído, al viento floto Alzando el puño y maldiciendo a voces, En mis propias entrañas encerrado! No es que mujer me engañe, o que fortuna Me esquive su favor, o que el magnate Que no gusta de pulcros, me querelle: Es ¿quién quiere mi vida? es que a los hombres Palpo, y conozco, y los encuentro malos.— Pero si pasa un niño cuando lloro Le acaricio el cabello, y lo despido Como el naviero que a la mar arroja Con bandera de gala un barco blanco. Y si decís de mí blasfemia, os digo Que el blasfemo sois vos: ¿a qué me dieron Para vivir en un tigral, sedosa Ala, y no garra aguda? ¿o por acaso Es ley que el tigre de alas se alimente? Bien puede ser: ¡de alas de luz repleto, Daráse al fin de un tigre luminoso, Radiante como el Sol, la maravilla!— ¡Apresure el tigral el diente duro! ¡Nútrase en mí: coma de mí: en mis hombros Clave los grifos bien: móndeme el cráneo, Y, con dolor, a su mordida en tierra Caigan deshechas mis ardientes alas! ¡Feliz aquel que en bien del hombre muere! ¡Bésale el perro al matador la mano! ¡Como un padre a sus hijas, cuando pasa Un galán pudridor, yo mis ideas De donde pasa el hombre, por quien muero, Guardo, como un delito, al pecho helado! Conozco el hombre, y lo he encontrado malo. ¡Así, para nutrir el fuego eterno Perecen en la hoguera los mejores! ¡Los menos por los más! ¡los crucifixos Por los crucificantes! En maderos Clavaron a Jesús: sobre sí mismos Los hombres de estos tiempos van clavados. Los sabios de Chichén, la tierra clara Donde el aroma y el maguey se crían, Con altos ritos y canciones bellas Al hondo de cisternas olorosas A sus vírgenes lindas despeñaban, A su virgen mejor precipitaban. Del temido brocal se alzaba luego A perfumar el Yucatán florido Como en talle negruzco rosa suave Un humo de magníficos olores:— Tal a la vida echa el Creador los buenos: A perfumar: a equilibrar: ea! clave El tigre bien sus garras en mis hombros: Los viles a nutrirse: los honrados A que se nutran los demás en ellos. Para el misterio de la Cruz, no a un viejo Pergamino teológico se baje: Bájese al corazón de un virtuoso. Padece mucho un cirio que ilumina: ¡Sonríe, como virgen que se muere, La flor cuando la siegan de su tallo! ¡Duele mucho en la tierra un alma buena! De día, luce brava: por la noche Se echa a llorar sobre sus propios brazos: Luego que ve en el aire la aurora Su horrenda, lividez, por no dar miedo A la gente, con sangre de sus mismas Heridas, tiñe el miserable rostro, Y emprende a andar, como una calavera Cubierta, por piedad, de hojas de rosa!