Spanish poem
Idealidad
Estoy enamorado de un ensueño; no hay un perfil en la ilusión flotante de mi impoluto amor. Mi alma es tan honda que en su profundidad se hace el diseño confusión misteriosa y fascinante, como el húmedo aliento de una onda que va a romperse en el confín distante... No el Pigmaleón feliz que se enamora de la forma perfecta: soy un alma que tras un alma va, como la aurora tras la noche fugaz, que escapa al beso ambicioso del sol. ¿Dónde la calma, como un oasis, domará mi exceso bajo el frescor de compasiva palma? Estatua al fin, la amada del artista que el cincel fulminó contra sí mismo siquiera fue un recurso de su vista: mi amada es una sombra del abismo. Pero ¡ah! también sin alma, el cuerpo inerte repugna como imagen de la muerte, en tanto que, sin cuerpo el alma pura es como un rayo que escapó del cielo y rasgó el luto de la noche obscura para envolverse en misterioso velo. ¡No amo el cuerpo que fuga y que varía, sin que conquiste perdurable aureola: la materia sin alma está vacia; y el alma sin materia triunfa sola!... Enamorado así de una penumbra, de un escape de sol que huye al soslayo por un quicio en que apenas se columbra lo que puede caber en sólo un rayo, voy por el mundo con afán de loco buscando un ideal que nunca encuentro, y se me desvanece lo que toco, y me hallo fuera de mi propio centro; y cuando el sueño de mi amor evoco, siento que el mundo material es poco, siento que el infinito está aquí adentro, y, al amar a mi amor, siento que me amo, ya que tengo en el alma el paraíso, y en la suprema idealidad me inflamo de vivir entre mí como Narciso... Ábrome el corazón, como si fuera prometedora mina; y busco al fondo mi excelso amor, pero lo busco en vano. ¡Ah, quién el hilo salvador me diera, cuando en mi propio Dédalo me escondo para escapar del atractivo arcano!... Ya que es necio mi afán, al fin me entrego del todo a mi pasión, con la tranquila fe con que el mártir se entregaba al fuego; y, clavando en el cielo la pupila con la fijeza con que mira un ciego, me siento más que nunca enamorado, sustráigome del mundo, y sin conciencia de lo que soy, errante y desligado, voy divagando por la azul altura, cual si fuera el perfume de experiencia que se escapó de un cáliz de amargura... Sufro y gozo a la vez: mi sufrimiento es como el de la flor que, al fin ajada, disipa sus aromas en el viento y se hunde en las caricias de la nada... Enamorado de un ensueño, nadie comprenderá mi idea suspirada, aunque en la cumbre de mi verso irradie; y solo, con mi lira y con mi amada, seguiré sobre el fango de las mofas, repartiendo a la turba el alma mía, en esta enfermedad de las estrofas como en una perpetua eucaristía!...