Spanish poem
Mudo Como Luzbel, Quede El Poeta
Mudo como Luzbel, quede el poeta, que, al cantar a la América, se olvida de cantar a su Dios. Copa repleta es este Mundo de placer y vida. En esta copa, de Jesús los labios refrescáronse, así, tras las impías torturas y los últimos resabios que les dejaran los cuarenta días. ¡Oh que cuadro de gloria! Dios se inflama al ver cómo le dan, en un chispazo, el iris de su linfa el Tequendama, el iris de su nieve el Chimborazo. Desenroscados en el bosque umbrío van los ríos, corriendo a la manera de sierpes de salud. ¿Cuál ese río que hecho de tantos corre? i El Amazonas! El Amazonas en veloz carrera canta un himno; le arranca sus coronas al bosque tropical; y, cuando estalla, leguas endulza el mar como si fuera Ejército de Dios que entra en batalla. Y se extienden las pampas y llanuras, como alfombras de santas procesiones que no acaban jamás... Las espesuras dan nuevas flores, nuevos frutos, nuevas hojas, para que sufran tentaciones también otros Adanes y otras Evas... El Orinoco por cincuenta bocas canta un himno a su Dios... En el Estrecho palpita un corazón entre las rocas, cual si quisiese rebosar del pecho... Costas, sierras, montañas; seculares bosques; lagos de paz y brisas leves; pájaros de rarísimas canciones; cúspides que al subir son como altares, donde hay, en la pureza de las nieves, tempestades que son como oraciones... Tal ha visto Jesús. Si hirió su pecho la Tentación, si el arenal le ha dado horas de amargo afán, ¡qué bien le ha hecho tal visión a su espíritu angustiado! Él bebió la salud que se derrama por este campo abierto; hinchó sus venas con el jugo que corre en cada rama de esta espesura; disipó sus penas con el brillo del Sol sobre los Andes de sien de plata; estimuló su vuelo con el vuelo del cóndor de alas grandes; abrió sus ansias; endulzó sus cuitas; y vio este cuadro, al fin, como un consuelo de sus desolaciones infinitas... Y tú, Musa —¡oh la Musa del boscaje, del torrente y del Sol!— ya que te inspira Jesús también, recibe en la cabeza el agua bautismal. Cambia de traje, ajústale otros nervios a tu lira; y a repasar el Evangelio empieza. ¡Regocíjate ya: la Cruz te gana! ¡Entra en la nueva Fe, Musa salvaje! En el nombre de Dios ¡ya eres cristiana!