Versos Spanish José Santos Chocano ¡Oh Jóvenes Amigas! El Anciano

Spanish poem

¡Oh Jóvenes Amigas! El Anciano

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¡Oh jóvenes amigas! El anciano os ama y os requiere. Mi alma evoca aquel tiempo feliz, en que la mano firme acercaba el ánfora a mi boca; y en que, tras los festines ya deshechos, y entre el revoloteo de Cupido, improvisaba pecadores lechos cual ave que hace en cualquier rama un nido... Ya que infausta vejez ha quebrantado las alas de mi amor, sólo me resta herir la lira con el plectro mío, y arrullar, con acento regalado, el abandono, tras alegre fiesta, con que duerme el placer sueños de hastío. Débil mi diestra ya, su licor vierte la vacilante copa: entre el sombrío follaje de mi barba así se advierte la gota de licor, que al fin se abruma y cae como gota de rocío, resbalando por cálices de espuma... Pero aún puedo refrescar en vino el caluroso labio, aún atino a libar el licor, que se derrama por mis débiles nervios, a manera que por las fibras de vetusta rama un soplo animador de primavera. ¡Ay de mí, que no alcanzo mayor gloria, por más que el fuego del licor me exalta a disputarle a Venus la victoria: yo tengo vino, pero amor me falta!... ¡Oh jóvenes amigas! Vuestro encanto se diría el tapiz de una pradera, que, cual piadosa máscara, cubriera la macilenta faz de mi quebranto... Derramad la flotante cabellera sobre mis limpias canas, dad al aire el beso del amor, tañid la flauta de arrulladores tonos, tejed luego la viva danza de sensual donaire; y ya veréis que de mi lira incauta se escaparán las cláusulas de fuego... Y os hablaré de amor; vuestros oídos se habrán de regalar con mis acentos, que, sumando el ardor de mis sentidos, inflamarán el alma de los vientos. Cantando así me dormiré en mi canto, y soñaré cantar vuestra hermosura: ¡y me amaréis! Por misterioso encanto, el poeta al hablar se transfigura. Bajo la palidez de mis cabellos, simulará mi frente luminosa nieve que besa el sol con sus destellos, cual si fuera con ósculos de rosa... ¡Ay de mí, que, perdidos los vigores, siento el dolor de las marchitas flores, que ayer, engalanadas de alegría, dieron al aire sus perfumes vanos, y hoy son desprecio hasta de aquellas manos que las ajaron sin piedad un día!... Mas ¿qué he de hacer? ¡Oh jóvenes amadas! dejaos al fin acariciar siquiera... Tal el avaro que cegó, ya a solas no goza recreando sus miradas en el tesoro, que a su vista era un mar inmenso de lucientes olas; pero sí goza con el tacto, hundiendo sus temblorosas manos entre el oro, y goza del metal entre el estruendo con el alegre retintín sonoro... ¡Oh jóvenes amigas! Pronta muerte ha de torcer el huso de mi suerte; mas ha de ser en el festín risueño, cuando sobre la boca del abismo bate sus alas fementido ensueño: así veréis, al uno y otro lado, rodar súbitamente, a un tiempo mismo, el vaso roto, el cuerpo inanimado. Nada en la muerte repulsión me inspira. Cuando yo muera, el canto de mi lira ha de turbar, con música de besos, la soledad de vuestra paz nocturna; y, hechos ceniza, mis dolientes huesos recinto buscarán que los merezca, para dormir el sueño del arcano: así tal vez la cineraria urna, por sus gentiles formas, os parezca la copa del festín que alza mi mano... ¡Oh jóvenes amigas! Ya que inerme, tras riente embriaguez halla el anciano plácido sueño de profunda calma, ¡la urna es copa en que la carne duerme, la copa es urna en que reposa el alma!...