Spanish poem
Tu Ventana De Hierros Nerviosos Y Macetas
Tu ventana de hierros nerviosos y macetas en que se abren las flores cual si fuesen paletas, da al bosque: sus cristales que humedece el rocío, debieran de empañarse con tu hálito, amor mío; porque es de verse un rostro de conventual paloma cuando tras los cristales con timidez se asoma. Así, siempre que paso por delante del viejo caserón, busco sólo tu ventana... y me alejo lentamente, mirando la cerrada vidriera y los hierros, en donde la ágil enredadera maniobra entre las jarcias de una marinería... ¡Y me siento yo todo lleno de poesía! Tú, en tanto, ayuna siempre de mi pasión secreta, ni te asomas al riego de una sola maceta, ni por una curiosa distracción blandamente oprimes los intactos cristales con tu frente, ni por dar luz al fondo de tu dormida estancia abres la puerta a un golpe de Sol y de fragancia. Tal vez, en la tibieza de clausurada alcoba, delante del antiguo ropero de caoba, verás sobre el azogue del desconchado espejo las juguetonas líneas de tu sutil reflejo; y, en la penumbra inquieta como jardín de sombras, consumirás tu cuerpo que pisa sobre alfombras, sin respirar un aire de libertad y vida, como una estrella opaca, como una flor suicida, mirando plantas mustias entre uniformes tiestos, tapices arrugados como si hiciesen gestos, bujías que se escurren en lágrimas de oro, mientras que el bosque mudo y el vendaval sonoro se inquietan por mirarte salir a la ventana, para infundirte un soplo de vida americana... Abre por un instante. Mírate en el espejo: ¿verdad que más humano palpita tu reflejo? Pero, ¿qué ves ahora sobre el azogue...? Seda verde y pomposa de una titánica arboleda, raso azul y riente de un pedazo de cielo, oro de Sol y plata de linfas, terciopelo de musgo, encaje fino de pájaros y flores... Flores, pájaros, grupos de los siete colores, hay en tu azogue: ¡mírate! Un pájaro travieso por picar una dalia se emborrachó en tu beso; y como tú arrugaste la frente en tus enojos, él te pintó sus alas encima de los ojos... Nunca tu espejo pudo sentir más complacencia: el bosque se ha copiado sobre su transparencia como sobre un espíritu ingenuo otro sombrío; y en el azogue a veces hay un escalofrío que es como la caricia que tiembla en la mirada de un rayo de Sol sobre la hoja de una espada. Mírate; y al mirarte, gózate en el bravío bosque, en que te hace un brindis con su cristal el río, en que te ofrece alcoba la encortinada gruta, en que parece un cofre de alhajas toda fruta y toda flor un vaso de vidrio o porcelana y toda ave un estuche... Siéntete americana; y dejando ese lujo de vivir escondida, ¡canta tu canto, goza tu amor, vive tu vida!