Versos Spanish José Zorrilla XV (LA CONDESA. ¡A Juin-Torrea)

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XV (LA CONDESA. ¡A Juin-Torrea)

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LA CONDESA. ¡A Juin-Torrea! EL POETA. ¿Y qué es eso? LA CONDESA. Castillo cuando Dios quiso, hoy quinta por mi hecha a expreso para mí. EL POETA. ¡Del paraíso será una copia! LA CONDESA. Un rincón del mundo; acaso un asilo contra él, y en donde tranquilo latir pueda el corazón. EL POETA. Vaya; una racha de fe, de misticismo una ola. Comprendo: está de Loyola tan cerca que… ¡ya se ve! LA CONDESA. Sí; y a se ve y allí está en su arboleda escondido. EL POETA. Puesto que de amores nido no puede ser, ¿qué será Juin-Torrea? LA CONDESA. Vaslo a ver; y no es más que una casita como aquí la necesita el alma de una mujer. EL POETA (aparte). ¿Asilo en que el corazón pueda latir…, exigencia del alma?…, ¿habla la conciencia, la fe o la imaginación? ¿Es ansiosa aspiración de a quien nada satisfizo? Yo, que en todo hallo el hechizo de la luz y de la vida por Dios en todo esparcida, nada jamás profundizo.

¿Quién sabe qué giros toma un alma que al bien aspira, según con el vuelo gira del águila o la paloma?

Había echado la condesa hacia Juin-Torrea a pie, y hacia Juin-Torrea eché a pie, en silencio y aprisa.

E iba yo de ver ganoso y curioso de saber qué cosa podía ser aquel rincón misterioso

de Juin-Torrea, que idea no da de lo que en sí sea con su nombre algo cerril: e iba presunciones mil forjándome yo sobre ello, supuesto siempre algo bello ideal, vago y gentil.

Y según me iba acercando y lo iba viendo, iba dando vueltas a nombre y a idea, y al verlo, consonantando cuanto en mí evocaba en ea.

Casa enigmática de Juin-Torrea, que entre los árboles amarillea, como oropéndola que al sol se orea tras lluvia rápida primaveral, ¿qué eres entre esos árboles sola… frente a Loyola… bajo su cruz? ¿Qué nimbo en torno de ti destella? ¿Qué sol, qué estrella te da su luz?

Muéstrate, enigma de Juin-Torrea, como eres; muéstrate, que yo te vea ya de tus árboles sin el capuz.

Y según iba ganando su colina cuesta arriba, y en sus límites entrando, bajo sus árboles iba, y conforme penetrando iba entre ellos mi visual, mejor en lo que era daba y mejor me parecía; y avanzando la decía, conforme forma tomaba su apariencia material:

Nido de garzas y ruiseñores, coto sin zarzas, jarrón de flores a quien decora blasón condal; albergue plácido de tu señora, del de un Olimpo merecedora, que tal tu fábrica labró en buen hora, entre esos árboles huerto Edenial; ábrete, enigma, que yo te lea; ábrete, sésamo, que yo te vea, quinta en que ondea pendón feudal.

Y eso es lo que es Juin-Torrea: fortaleza transformada en campesina morada de dama de estirpe real que en sus cotos veranea: un símbolo de una idea, kiosko-torre sobre el cual de su rubia dueña ondea la rubia crencha Febea por bandera señorial.

Eso es lo que es Juin-Torrea: un pabellón de reposo en nuestro viaje forzoso por la vida terrenal: rosal plantado en la infancia, do en el botón de una rosa posada una mariposa toma el sol primaveral.

Su vestíbulo sin puertas y con sillas, cuyo encuentro regocija, y en su centro con su mesa de nogal, da fe y esperanzas ciertas de un cómodo alojamiento, y un almuerzo suculento de esta jira por final.

La hospitalidad más franca, la más cordial alegría, encantan esta alquería con timbres de alcázar real:

tras del vestíbulo arranca la escalera bien tendida, que a los pisos da subida y de la gloria al umbral.

Primorosos aposentos festonados de primores, ricos de luz y de flores, de aromas y aire vital, delatan los pensamientos altos, y el cristiano instinto de la que dió a su recinto confort y carácter tal.

Allí un no sé qué de místico la imaginación se forja al recuerdo de aquel Borja hoy puesto en el santoral; de aquel Santo cortesano que, al par de Carlos Primero, cambió la cota de acero por la sotana claustral.

Desde los cedríneos techos a los ensamblados pisos, de los trastos más precisos al confort prolijo actual, muebles, colgaduras, lechos, cuanto la casa decora, revelan de su señora el buen gusto original.

Allí, desde sus ventanas, a través de la arboleda, se ve algo que no se queda entre el polvo terrenal: algo que sobre él se cierne, como la idea y la nube; que aspira al cielo y que sube hacia él, almo e inmortal.

¿Quién sabe? Acaso el espíritu de su señora…, una idea, que bulle en su alma…, algo místico que bulle y no se aparea con su existencia social; un vago anhelo…, el hechizo de una esperanza…, mas sea lo que fuere, ¿quién me hizo del alma ajena fiscal?

¡Señora rubia de Juin-Torrea, que Dios bendiga tu oculta idea; de Dios tu casa bendita sea, rubia señora de Juin-Torrea!