Spanish poem
Vencedor después de muerto
by Juan Arolas (1805–1849)
Un lustro gozara el Cid De sus lauros el honor, Ocupando su vejez En servir y orar a Dios:
Entonces le fueron nuevas De la grande expedición De treinta y seis Reyes moros Que el Rey Búcar preparó.
Estuvo el Cid muchos días Entendiendo en oración Y en visitar los altares Con muchísimo fervor:
Calenturas le postraron Y en ellas solo tomó Mirra con agua rosada Y un bálsamo que por don
Le remitiera el Soldán Cuando el bélico rumor De sus hechos y proezas Por Egipto se esparció.
Consolado con los gustos De una angélica visión Cumplió el plazo de sus días Y en su palacio espiró.
No se hizo llanto alguno Ni triste demostración Porque lo ignorase el moro Que a la ciudad cerco dio.
Guardias y velas le hacían Como vivo a su Señor Los caballeros cristianos En su cámara y salón.
Pasados seis días fueron Y cuando el alba rayó Salieron los de Valencia Con sus haces en unión.
Iba el cuerpo del buen Cid Con tal arte que admiró: Muy religado a la silla Encima de su trotón:
Con papeles plateados La armadura se fingió; Iba enhiesto, ojos abiertos, Llevaba lanza y guión.
Con la bandera del Cid Pero Bermúdez llevó La primer haz esforzada Y de ella marchan en pos
Acémilas con fardaje Y un magnífico escuadrón De quinientos caballeros, Todos de fama y valor:
Seguía doña Jimena Que adolorida lloró, Con guerreros de alto nombre Que eran la nata y la flor.
El cuerpo del noble Cid La postrer haz resguardó Y a su lado iba el obispo Como buen padre y pastor.
Por la puerta de Roceros Salieron y cual turbión Dieron contra la morisma Y un gran triunfo se logró:
Pasaron luego a Castilla, Llevando con devoción A San Pedro de Cardeña El cuerpo del Campeador.
Del cual se dijo esta vez Con muchísima razón Que venció después de muerto, Vivo y muerto vencedor.