Versos Spanish Juan Bautista Arriaza Ya Llegó El Instante Fiero

Spanish poem

Ya Llegó El Instante Fiero

by (1770–1837)

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Ya llegó el instante fiero, Silvia, de mi despedida, Pues anuncia mi partida Con estrépito el cañón: A darte él a Dios postrero Llega ya tu tierno amante, Lleno de llanto el semblante, Y de angustia el corazón. Llega tú, objeto divino, Tiéndeme los brazos bellos, Que si logro yo que en ellos Dulce acogida me des, No conseguirá el destino El golpe que quiere darme, Porque antes de separarme Me verá muerto a tus pies.

¡Oh! si las pasiones nuestras Fueran de igual violencia, El dolor de nuestra ausencia Se partiera entre los dos: Mas tú un semblante me muestras Indiferente o contento, Cuando yo no tengo aliento No aun para decirte adiós. Murmurando un manso río Baña el prado con sosiego, Y por fruto de su riego Bellas flores ve brotar Tú en silencio, llanto mío, Mi aflijido pecho bañas, Y de Silvia las entrañas No consigues ablandar. ¿Mas qué dices, Silvia mía, Con ese tierno suspiro? Por qué entre lágrimas miro Tus ojos resplandecer? Cual nube que en claro día Opuesta al sol se deshace, Y el sol con sus rayos hace Brillar el agua al caer. ¿En mí los lánguidos ojos Fijas con tanta ternura Sin faltarle la hermosura Falta a tu rostro el color? ¿Vas a abrir los labios rojos, Y el sentimiento los sella? ¡Que en ti haya de ser tan bella Aun la imagen del dolor! ¡Insensato! yo pensaba Que la amarga pena mía Algún alivio tendría Si tu penaras también; Al error que me engañaba Concede, Silvia, el perdón. Ya siento más tu aflicción Que antes sentí tu dosdén. Bien mío, por Dios te ruego, Serena el triste quebranto; No vale tan bello llanto Cuanto el mundo encierra en sí: Pasen por ti con sosiego De amor las horas serenas, Y aquellas de angustias llenas Que se detengan en mí.

En mí, miserable y triste, Por el cielo destinado Para soportar del hado La bárbara crueldad: No en ti, que hermosa naciste Llena de un poder divino Para tener el destino Sujeto a tu voluntad. Por él tendrás el consuelo, Mientras que mi ausencia llores, De encontrar mil amadores Mas de tu gusto que yo: Otro a quien dispense el cielo La fortuna de agradarte; Pero otro que sepa amarte Como yo te amo, eso no. No me enamoró tu trato, Ni tu semblante perfecto, Sin un simpático afecto, Que tal vez nací con él: Yo me figuré un retrato De las gracias verdaderas, Y conocí que tú eras El original de aquél. No suele en tierra caído Tan turbado e indeciso A un relámpago improviso El caminante quedar, Como yo de amor perdido Al mirar tu bello rostro, Pues luego e tus pies me postro, Y te adoro a mi pesar. Mas yo parto... ¡ay Dios! mis penas En la explicación no caben; Los cielos solos las saben Que el fondo del alma ven, Y vieron las horas llenas De deliciosos recreos, Que colmaron mis deseos En los brazos de mi bien. Y a las aguas blandamente Mueve afable ventolina, Y do la gente marina Se oye la confusa voz: Ya del ancla el corvo diente Del fondo tenaz retiran; Todos a darme conspiran Una muerte más veloz.

Ya con planta vacilante Piso la débil barquilla, Pronta a abandonar la orilla, Y llevarme al gran bajel. Silvia, a tu infeliz amante, En los últimos momentos, ¡Qué funestos pensamientos No le asaltan de tropel! Conozco el dulce desquite Con que pagas mis ternezas, Se me acuerdan tus finezas, Tu cariño bien lo sé: No hay prueba que no acredite Tu pasión en mi presencia; ¿Pero quién sabe en la ausencia Si sabrás guardarme fe? Ese atractivo divino, De mi sumo bien origen, Tal vez los hados lo eligen Por principio de mi mal; Y mientras yo, ausente y fino, Mi perdida prenda lloro, Los encantos que yo adoro Gozara un feliz rival. No, mi bien: no, gloria mía; ¡Oh! no se lleven los vientos Esos tiernos juramentos Que el universo envidió Venzamos la tiranía Del tiempo y de la distancia Con la invariable constancia Del lazo que nos unió. Al salir el sol brillante, Al poner sus luces bellas, Al nacer luna y estrellas Estaré pensando en ti: No me apartaré un instante De esta idea encantadora; Y tú entre tanto, traidora, Ni aun te acordarás de mí. A solas mi pensamiento, Engolfado en esos mares, Reposará los lugares Donde contigo me vi: Entonces mi sentimiento Hará sensibles los bronces; Tú, más que ellos dura, entonces Ni aun te acordarás de mí, Aquí vi sus perfecciones; Allá la juré mi dueño; Allí con labio halagüeño Me dio el vouturoso sí: Tal vez estas reflexiones Harán que el dolor me acabe: Y tú entre tanto ¿quién sabe Si te acordarás de mí? Llamaré instante de gloria Aquel en que vi tu gracia, Y origen de mi desgracia El punto en que la perdí: Mil veces esta memoria Me hará renovar el llanto; Y tú ¿quién sabe entre tanto Si te acordarás de mí? Cuando solo se estén viendo En el cielo las señales Con que asusta a los mortales El supremo criador, Óyese el tronar horrendo En las cavernas más hondas, Y el mar las turbias ondas Se levanten con furor: Cuando impelido del Noto El soberbio mar Tirreno Quiere desde su hondo seno Las estrellas asaltar Y emplea el triste piloto, En vez de la ciencia, el ruego, Viendo ser su nave el juego De la cólera del mar: Entre los roncos clamores De gente que atribulada Ante sus ojos la espada De la muerte ven lucir: Yo haré que de mis amores Tan negro horror se despida, Y ¡adiós Silvia de mi vida! Se oirá en los vientos gemir.

¡adiós Silvia de mi vida!