Spanish poem
Claros Y Frescos Ríos
Claros y frescos ríos que mansamente vais siguiendo vuestro natural camino; desiertos montes míos, que en un estado estáis de soledad muy triste de contino; aves, en quien hay tino de descansar cantando; árboles que vivís, y en fin también morís, y estáis perdiendo a tiempos y ganando; ¡oídme juntamente mi voz amarga, ronca y tan doliente! Pues quiso mi ventura que hubiese de apartarme de quien jamás osé pensar partirme; en tanta desventura conviene consolarme, que no es agora tiempo de morirme. El alma ha de estar firme: que en un tan bajo estado vergonzosa es la muerte; si acabo en mal tan fuerte, todos dirán que voy desesperado; y quien tan bien amó no es bien que digan que tan mal murió. He de querer la vida, fingiéndome esperanza, y engañar mal que tanto desengaña. Fortuna tan perdida ha de traer bonanza. No durará dolor que tanto daña. Un mal que así se ensaña, amansará si espero. Adonde voy, iré: y en fin yo volveré a ver mi bien, si triste no me muero. Pero, ¿quién pasará este tiempo? que mucho tardará. Pasaré imaginando; si en hombre tan revuelto puede el imaginar hacer su oficio, pensaré cómo y cuándo podré verme ya vuelto do hizo amor de mí su sacrificio; y tomaré por vicio, figurar la que quiero; hablándole en ausencia harto más que en presencia. Contarle he desde acá cómo allá muero; y mi voluntad mucha me hará parecer que ella me escucha. Agora ya imagino lo que estará haciendo. ¿Pensando estoy, quizá si piensa en mí? El gesto determino, con que estará riendo de cual estuve, cuando me partí. Aunque según sentí cuitado, la partida no cabe en su valor que no sienta dolor de tan amarga y cruda despedida. Tan triste partí yo, que aunque no quiera, ella lo sintió, Las horas estoy viendo en ella, y los momentos: cada cosa pongo en su sazón. Conmigo acá la entiendo: pienso sus pensamientos: por mí saco los suyos cuales son. Díceme el corazón, y pienso yo que acierta: ya está alegre, ya triste; ya sale, va se viste; agora duerme, agora está despierta. El seso y el amor andan por quien la pintará mejor. Viéneme a la memoria, donde la vi primero, y aquel lugar do comencé de amalla; y náceme tal gloria de ver cómo la quiero, que es ya mejor que el vella el contemplalla. En el contemplar halla mi alma un gozo extraño. Pienso estalla mirando; después, en mí tornando, pésame que duró poco el engaño. No pido otra alegría, sino engañar mi triste fantasía. Mas esto no es posible: vuélvome a la verdad, y hállome muy solo, y no la veo. Paréceme imposible que ya mi voluntad Traiga más en palabras mi deseo. Mil negocios rodeo, por descansar un poco; y en toda cosa pierdo, sino en el desacuerdo. Libro mucho mejor cuando estoy loco. Mira qué gentil cura, que es forzado valerme con locura. El vano imaginar en yéndome, cayo en cómo para vella no hay remedio. Allí empiezo a pensar, y en el pensar desmayo, de ver cuántos lugares dejo en medio. Si entonces me remedio, rasgo más la herida, viénenseme a los ojos los presentes enojos, y los gozos de la pasada vida. Cada palmo de tierra para mí triste es ora una gran sierra. Tengo en el alma puesto su gesto tan hermoso, y aquel saber estar adonde quiera; el recoger honesto, el alegre reposo, el no sé qué de no sé qué manera; y con llaneza entera el saber descansado, el dulce trato hablando, el acudir callando, y aquel grave mirar disimulado. Todo esto está ausente, y otro tiempo lo tuve muy presente. Contando estoy los días que paso no sé cómo; con los pasados no oso entrar en cuenta. Acuden fantasías; allí a llorar me torno, de ver tanta flaqueza en tanta afrenta. Allí se me presenta la llaga del penar. Hácenseme mil años las horas de mis daños; por otra parte, el siempre imaginar me hace parecer que cuanto he pasado fue ayer. Algunas cosas miro por ocuparme un rato, y ver si de vivir terné esperanza. Entonces más sospiro; porque en cuanto yo trato, hallo allí de mi bien la semejanza. Por doquiera me alcanza amor con su vitoria. Mientras más lejos huyo, más recio me destruyo: que allí me representa la memoria mi bien a cada instante, por su forma contraria o semejante. Cuanto veo me carga; muestro holgar con ello, por pasar y vivir entre la gente. Si cayo con la carga, levanto, y no querello,; y sabe Dios lo que mi vida siente. Mas tan crudo accidente ¿por qué no resiste?, ¿por qué mi sufrimiento no esfuerza al sentimiento? Cobra buen corazón, mi alma triste, que yo la veré presto, y miraré aquel cuerpo y aquel gesto. Canción: bien sé donde volver querrías, y la que ver deseas; pero no quiero que sin mí la veas.