Versos Spanish Juan Clemente Zenea Fidelia

Spanish poem

Fidelia

by

Listen in the reader

FIDELIA

Et dans chaque feuille qui tombe Je vois un présage de mort. Millevoye.

Bien me acuerdo! –Hace diez años! y era una tarde serena! Yo era joven y entusiasta, pura, hermosa y virgen ella! Estábamos en un bosque sentados sobre una piedra, mirando a orillas de un río como temblaban las hierbas.

–Yo no soy el que era entonces corazón en primavera, llama que sube a los cielos, alma sin culpas ni penas! Tú tampoco eres la misma, no eres ya la que tú eras, los destinos han cambiado: yo estoy triste y tú estás muerta!

Le hablé al oído en secreto y ella inclinó la cabeza, rompió a llorar como un niño y yo amé por vez primera. Nos juramos fe constante, dulce gozo y paz eterna, y llevar al otro mundo un amor y una creencia. Tomamos ¡ay! por testigos de esta entrevista suprema, unas aguas que se agotan y unas plantas que se secan!... nubes que pasan fugaces, auras que rápidas vuelan, la música de las hojas, y el perfume de las selvas!

No consultamos entonces nuestra suerte venidera, y en alas de la esperanza lanzamos finas promesas; no vimos que en torno nuestro se doblegaban enfermas, sobre los débiles tallos las flores amarillentas; y en aquel loco delirio no presumimos siquiera que yo al fin me hallara triste! que tú al fin te hallaras muerta!

- - - - - - - - - - - - - - - -

Después en tropel alegre vinieron bailes y fiestas, y ella expuso a un mundo vano su hermosura y su modestia. La lisonja que seduce y el engaño que envenena, para borrar mi memoria quisieron besar sus huellas; pero su arcángel custodio bajó a cuidar su pureza, y protegió con sus alas las ilusiones primeras: conservó sus ricos sueños y para gloria más cierta en el vaso de su alma guardó el olor de las selvas; guardó el recuerdo apacible de aquella tarde serena; mirra de santos consuelos, áloe de la inocencia...

–Yo no tuve ángel de guarda y para colmo de penas desde aquel mismo momento está en eclipse mi estrella; que en un estrado una noche, al grato son de la orquesta, yo no sé por que motivo se enlutaron mis ideas; sentí un dolor misterioso, torné los ojos a ella, presentí lo venidero: me vi triste y la vi muerta!

- - - - - - - - - - - - - - - -

Con estos temores vagos partí a lejanas riberas, y allá bañé mis memorias con una lágrima acerba. Juzgué su amor por el mío, entibióse mi firmeza, y en la duda del retorno olvidé su imagen bella. Pero al volver a mis playas ¿qué cosa Dios me reserva?... Un duro remordimiento, y el cadáver de Fidelia!

Baja Arturo al Occidente bañado en púrpura regia, y al soplar del manso Alisio las eolias arpas suenan; gime el ave sobre un sauce perezosa y soñolienta, se respira un fresco ambiente, huele el campo a flores nuevas; las campanas de la tarde saludan a las tinieblas, y en los brazos del reposo se tiende naturaleza!... ¡Y tus ojos se han cerrado! ¡Y llegó tu noche eterna! Y he venido a acompañarte y ya estás bajo de tierra!...

Bien me acuerdo! –Hace diez años de aquella santa promesa, y hoy vengo a cumplir mis votos, y a verte por vez postrera! Ya he sabido lo pasado... supe tu amor y tus penas, y hay una voz que me dice que en tu alma inmortal me llevas.

Mas... lo pasado fue gloria, pero el presente, Fidelia, el presente es un martirio, ¡yo estoy triste y tú estás muerta!