Spanish poem
A Rubén Darío
Amo tu clara gloria como si fuera mía, de Anadiomena engendro y Apolo Musageta, nacido en una Lesbos de luz y poesía donde las nueve musas ungiéronte poeta.
Grecia en los astros de oro tu nombre grabaría; en ti, el pagano numen renace y se completa; mas —con los ojos fijos de Jesús en la meta— gozas el pan y el vino de tu melancolía.
El águila de Esquilo te regaló su pluma, el pájaro de Poe lo vago de su bruma, el ave columbina su corazón de miel.
Anacreón sus mirthos, azucenas y rosas, Ovidio el misterioso secreto de las cosas, Pitágoras su ritmo y Scopas su cincel.
Liróforo de triste mirada penetrante que al son órfico ajustas la gama de los seres, que sabes los secretos pristinos del diamante y conoces el alma sutil de las mujeres.
Délfico augur, hermético y sacro hierofante que oficias en el culto prolífico de Ceres, que azuzas de tus metros la tropa galopante sobre la playa lírica y argéntea de Citeres;
tu grey bala en las églogas del inmortal idilio, tu pífano melódico fue el que tocó Virgilio en la mañana antigua, de alondras y de luz;
tu azur es el radioso zafir del mito heleno, tu trueno wagneriano el olímpico trueno ¡y tu congoja lúgubre la que gritó en la cruz!
Es hora ya que suenen tus líricos clarines saludando el venir de la futura aurora de paz. A los cruzados y nobles paladines que hacen temblar la tierra; es la propicia hora.
Tu lira pon al cuello de la pujante prora, para que así nos sigan sirenas y delfines; y que tus versos muestren su espada vengadora asida por los dedos de airados serafines.
Verbo de anunciaciones de nuestro Continente, vate proteico, noble, magnífico y vidente, que tiene de paloma, de abeja y de león;
la gloria te reserva su más ilustre lauro: humillar la soberbia del rubio minotauro como el divino Jorge la testa del dragón.