Spanish poem
Oración traducida
Ante tus ojos benditos Las culpas manifestamos, Y las heridas mostramos, Que hicieron nuestros delitos.
Si el mal, que hemos cometido, Viene a ser considerado, Menor es lo tolerado, Mayor es lo merecido.
La conciencia nos condena, No hallando en ella disculpa, Que respecto de la culpa, Es muy liviana la pena.
Del pecado el duro azar Sentimos, que padecemos Y nunca enmendar queremos La costumbre de pecar.
Cuando en tus azotes suda Sangre la naturaleza, Se rinde nuestra flaqueza, Y la maldad no se muda.
Cuando el pecado mancilla La mente con fiera herida, Padece el alma afligida, Y la cerviz no se humilla.
La vida suelta la rienda En su acostumbrado error, Suspira por el dolor, Y en el obrar no se enmienda.
Puestos entre dos extremos, En cualquiera peligramos; Si esperas, no la enmendamos; Si te vengas, nos perdemos.
De la aflicción el quebranto Nos obliga a la contricción Y en pasando la aflicción, Se olvida también el llanto.
Cuando tu castigo empieza Promete el temor humano; Y en suspendiendo la mano, No se cumple la promesa.
Cuando nos hieres, clamamos Que el perdón nos des, que puedes, Y así que nos lo concedes. Otra vez te provocamos.
Tienes a la humana gente Convicta en su confesión, Que si no le das perdón, la acabarás justamente.
Concede al humilde ruego Sin mérito a quien criaste, Tú que de nada formas A quien te rogará luego.
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