Versos Spanish Juana Ines de La Cruz Romance Puro Amor, Que Ausente, Y Sin Deseo De Indecencias, Puede Sentir Lo Que El Más Profano

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Romance Puro Amor, Que Ausente, Y Sin Deseo De Indecencias, Puede Sentir Lo Que El Más Profano

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Lo atrevido de un pincel, Filis, dio a mi pluma alientos: que tan gloriosa desgracia más causa corrió que miedo. Logros de errar por tu causa fue de mi ambición el cebo; donde es el riesgo apreciable ¿qué tanto valdrá el acierto? Permite, pues, a mi pluma segundo arriesgado vuelo, pues no es el primer delito que le disculpa el ejemplo de ti, peregrina Filis?, cuyo divino sujeto se dio por merced al mundo, se dio por ventaja al cielo; en cuyas divinas aras, ni sudor arde sabeo, ni sangre se efunde humana, ni bruto se corta cuello, pues del mismo corazón los combatientes deseos son holocausto poluto, son materiales afectos, y solamente del alma en religiosos incendios arde sacrificio puro de adoración y silencio. Yo, pues, mi adorada Filis, que tu deidad reverencio, que tu desdén idolatro y que tu rigor venero: bien así, como la simple amante que, en tornos ciegos, es despojo de la llama por tocar el lucimiento como el niño que, inocente, aplica incauto los dedos a la cuchilla, engañado del resplandor del acero, y herida la tierna mano, aún sin conocer el yerro, más que el dolor de la herida siente apartarse del reo; cual la enamorada Clicie que, al rubio amante siguiendo, siendo padre de las luces, quiere eñsenarle adimientos; como a lo cóncavo el aire, como a la materia el fuego, como a su centro las peñas, como a su fin los intentos; bien como todas las cosas naturales, que el deseo de conservarse, las une amante en lazos estrechos... Pero ¿para qué es cansarse? Como a ti, Filis, te quiero; que en lo que mereces, éste es solo encarecimiento. Ser mujer, ni estar ausente, no es de amarte impedimento; pues sabes tú que las almas distancia ignoran y sexo. ¿Puedo yo dejar de amarte si tan divina te advierto? ¿Hay causa sin producir? ¿Hay potencia sin objeto? Pues siendo tú el más hermanso, grande, soberano exceso que ha visto en círculos tantos el verde torno del tiempo, ¿para qué mi amor te vio? ¿Por qué mi fe te encarezco, cuando es cada prenda tuya firma de mi cautiverio? Vuelve a ti misma los ojos y hallarás, en ti y en ellos, no sólo el amor posible, mas preciso el rendimiento, entre tanto que el cuidado, en contemplarte suspenso, que vivo asegura sólo en fe de que por ti muero.