Spanish poem
Pastel Japonés
Hastiada de reinar con la hermosura Que te dio el cielo, por nativo dote, Pediste al arte su potente auxilio Para sentir el anhelado goce De ostentar la hermosura de las hijas Del país de los anchos quitasoles Pintados de doradas mariposas Revoloteando entre azulinas flores. Borrando de tu faz el fondo níveo Hiciste que adquiriera los colores Pálidos de los rayos de la Luna, Cuando atraviesan los sonoros bosques De flexibles bambúes. Tus mejillas Pintaste con el tinte que se esconde En el rojo cinabrio. Perfumaste De almizcle conservado en negro cofre Tus formas virginales. Con oscura Pluma de golondrina puesta al borde De ardiente pebetero, prolongaste De tus cejas el arco. Acomodose Tu cuerpo erguido en amarilla estera Y, ante el espejo oval, montado en cobre, Recogiste el raudal de tus cabellos Con agujas de oro y blancas flores. Ornada tu belleza primitiva Por diestra mano, con extraños dones, Sumergiste tus miembros en el traje De seda japonesa. Era de corte Imperial. Ostentaba ante los ojos El azul de brillantes gradaciones Que tiene el cielo de la hermosa Yedo, El rojo que la luz deja en los bordes Del raudo Kisogawa y la blancura Jaspeada de fulgentes tornasoles Que, a los granos de arroz en las espigas Presta el sol con sus ígneos resplandores. Recamaban tu regia vestidura Cigüeñas, mariposas y dragones Hechos con áureos hilos. En tu busto Ajustado por anchos ceñidores De crespón, amarillos crisantemos Tu sierva colocó. Cogiendo entonces El abanico de marfil calado Y plumas de avestruz, a los fulgores De encendidas arañas venecianas, Mostraste tu hermosura en los salones, Inundando de férvida alegría El alma de los tristes soñadores. ¡Cuán seductora estabas! ¡No más bella Surgió la Emperatriz de los nipones En las pagodas de la santa Kioto O en la fiesta brillante de las flores! ¡Jamás ante una imagen tan hermosa Quemaron los divinos sacerdotes Granos de incienso en el robusto lomo De un elefante cincelado en bronce Por hábil escultor! ¡El Yoshivara En su recinto no albergó una noche Belleza que pudiera disputarle El lauro a tu belleza! ¡En los jarrones, Biombos, platos, estuches y abanicos No trazaron los clásicos pintores Figura femenina que reuniera Tal número de hermosas perfecciones! ENVÍO Viendo así retratada tu hermosura Mis males olvidé. Dulces acordes Quise arrancar del arpa de otros días Y, al no ver retornar mis ilusiones, Sintió mi corazón glacial tristeza Evocando el recuerdo de esa noche, Como debe sentirla el árbol seco Mirando que, al volver las estaciones, No renacen jamás sobre sus ramas Los capullos fragantes de las flores Que le arrancó de entre sus verdes hojas El soplo de otoñales aquilones.